Curso elemental de profecía común

OPINIÓN

02 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Los israelíes, que pusieron la profecía en el mundo, nos hicieron creer que los profetas eran gentes inspiradas por Dios y que, además de adelantar el futuro, nos dejaban vinculados a él -el mismo Jesús nació en Belén «para que se cumpliesen las escrituras»- con la paradoja determinista que enfrentó a Báñez y a Molina en la Salamanca del XVI. Los griegos, en cambio, que establecieron en el templo de Delfos una gran industria de la adivinación, tenían muy claro que la Sibila no era más que una muñeca mareada que llenaba de rito y teatralidad los dictámenes de los sacerdotes que, basándose en el estudio del pasado y del presente, escribían el futuro con lógica impecable. Porque en eso tan simple consiste la profecía.

La Voz de Galicia del 08-06-2015 publicaba esta profecía: «Partiendo de que el PP va a ganar las elecciones -en el estricto y raquítico sentido de ser 'el partido que obtiene más votos'-, debemos contemplar dos hipótesis: que el PP se mueva en el entorno de los 150 escaños o más, o que quede por debajo de los 140. Si se produce la primera hipótesis, que a día de hoy es poco probable, Mariano Rajoy deberá asumir un gobierno en minoría.../... Pero si el PP queda por debajo de los 140 escaños, cosa probable, el maltrecho y apurado PSOE de Pedro Sánchez podrá montar una alternativa pentapartita, con Podemos, ERC, las Mareas, lo que quede de IU, Bildu y el propio PSOE, y con la abstención estratégica y depredadora de Ciudadanos, PNV y lo que quede de CiU».

Que esta profecía sea mía no significa nada. Lo que importa es que las hipótesis del 20D quedaron «cuspidiñas». Y por eso nos conviene recordar las profetizadas consecuencias de este maremagno liderado por Sánchez: «El sistema funcionará sobre dos monarquías: una hereditaria y duradera, que encabeza Felipe VI, y otra efímera, de carácter ejecutivo, en la que el rey será Pedro Sánchez y el primer ministro -el virrey en terminología clásica- será Pablo Iglesias. ¿Qué por qué le llamo monarquía a este dúo dinámico? Muy sencillo. Porque en las monarquías parlamentarias el rey reina, pero no gobierna, que es el destino de Sánchez, mientras que el primer ministro tiene en sus manos el destino del país sin más requisito que mantener en su trono de papel a Pedro el Breve. Será un desastre, obviamente. Pero nadie podrá negar, como diría un tertuliano de Madrid, que es legítimo y muy legal».

Usted dirá que mucha profecía y mucho presumir, pero que no adelanté este bloqueo político que ahora padecemos. Pero se equivoca. Lo predije, aunque solo lo insinué, porque mi dictamen era pedagógico y aún quería evitar el caos. Por eso terminaba mi profecía con una frase que parece escrita ayer: «Un pueblo no deja de ser soberano por votar contra sí mismo». Porque el oficio de Isaías, ejercido con método y libertad, no resulta tan difícil.