Las profecías de Rajoy y Tomás Gómez

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

31 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Uno dijo: «Esto no ha hecho más que empezar». Y Rajoy vaticinó: «Usted no llegará a gobernar». Hace meses indicaba mis preferencias por el discurso de algunos socialistas silenciosos frente al disparatado balbordo de tantos dirigentes y barones. Hoy agradezco a quien fue alcalde de Vilagarcía, desde el propio corazón de los socialistas, que los defina y sitúe en su verdadera dimensión. Ellos no hablan de política, apenas de poder, de su poder, el de los aparatos del partido. Pueden comprobarlo.

Al PSOE no le valieron primarias, ni dos candidatos nuevos en contienda. Tampoco los apoyos a uno o las posiciones en contra hacia al otro, para que diera remontado en resultados. Ni siquiera que Pedro Sánchez fuera un candidato más o menos adecuado para quienes le apoyaron. Porque el problema es el propio PSOE, en el que muchos son cromos intercambiables y baronías, coyuntura y sociología, con su punto de populismo, y su colección de perdedores de cambalache y compadreo, donde sirven los pactos con cualquiera, sea Ciudadanos o Podemos, siempre y cuando permitan lograr o mantener el propio poder institucional. Pactos que ahora le son negados a la dirección socialista para impedir que participe en resolver los problemas de España.

No es que conozca la estrategia de Pedro Sánchez ni cuáles son sus prioridades en esta etapa poselectoral. Tampoco qué opone a los Populares o en qué podrían coincidir. Desconozco también cuáles son las coincidencias con Podemos y cuáles, aparte de las proclamas sobre la unidad de España, son sus diferencias. Pero siempre tuve la certeza, igual que en el caso de Rubalcaba, de que su éxito o su fracaso depende más de la maraña de esas desleales baronías que lo enredan, y de su capacidad para someterlos a un discurso y una política común, que de lo intenso y acertado de sus políticas. Comparto este diagnóstico: «Hay un problema de unidad y de credibilidad. No señalo a nadie. Me señalo a mí. Y esto lo utilizan nuestros adversarios para dañar al partido».

Quienes hemos pretendido confiar en una posible socialdemocracia inteligente, la aparición repetida -y llevan años haciéndolo- de los barones socialistas apenas ocho días después de las elecciones para ejecutar otra toma de poder en su partido, nos hace olvidar toda esperanza. Que los socialistas hayan conseguido convencernos en ocho días de que son los perdedores encierra un gran mérito. Algunos ingenuos opinamos que los resultados electorales permitían abrir un tiempo político que respondiera a las expectativas de los 20 millones de ciudadanos de menos de 40 años a los que los poderes sin control y los Gobiernos les han retirado todas sus esperanzas. Esperábamos que nuestro voto obligara a los políticos, incluidos los barones, a poner fin a los desatinos y a reflexionar y negociar para resolver nuestros problemas. El PSOE insiste en sus enredos, los de quienes solo buscan resolver su vida, y los antepone a los problemas de España y a los de los españoles.