En fechas navideñas lo apropiado es un buen regalo. A ser posible, uno útil y original, no como el que los españoles enviamos a Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que está envenenado. Porque el domingo por la noche les llegó por transporte urgente un mandato imposible: que uno de los dos nos gobierne con un mínimo de apoyos y con muchos retos por delante. Hartos como estamos de las mayorías absolutas, del bipartidismo y de los desplantes, e ilusionados con imitar a algunos de nuestros vecinos europeos, les dijimos a Rajoy y Sánchez que se inicia un nuevo tiempo y que hay que cambiar la forma de entender la política. Parece como si quisiéramos deshacernos de los dos, porque tomen la decisión que tomen será mala para su futuro.
Si Rajoy se mantiene en la Moncloa, ya puede ir vendiendo la pantalla de plasma. Porque va a ser a base de ceder y ceder; de dar explicaciones, de pactar, de proponer y de negociar. Todo lo contrario de lo que hizo hasta hoy.
El regalo a Pedro Sánchez es incluso peor. Haga lo que haga, está destrozado. Si, en aras de la estabilidad, se abstiene y propicia que gobierne Rajoy, carecerá de credibilidad. Pero peor aún será que se erija en presidente con el apoyo de otras fuerzas, porque los barones y los pesos pesados socialistas tardarán minutos en defenestrarlo. Mal porvenir.
A ver si los regalos que nos caen a nosotros vienen con mejor intención, porque como sean como los que los españoles hicimos a Rajoy y Sánchez el domingo, mejor no hacerlos.