El PSOE tiene la pelota sobre su tejado... de cinc

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

23 dic 2015 . Actualizado a las 12:24 h.

Tennessee Williams, el dramaturgo norteamericano más influyente de su generación, escribió en 1955 la obra de teatro que tres años después llevó al cine su compatriota Richard Brooks, en una película, tan genial como inquietante, exhibida en España con el título con el que hoy la conocemos: La gata sobre el tejado de cinc. Protagonizada por dos actores en estado de gracia, los maravillosos Elizabeth Taylor y Paul Newman, de quienes no sabemos si admirar más su turbadora belleza o su talento colosal, el filme narra la historia de las desavenencias de una familia del sur estadounidense, los Pollitt, a través de las que se destripa sin piedad el tremendo torbellino de un grupo humano aparentemente feliz y armonioso.

Pero no, no voy a hablarles de cine, sino de la posición en que se encuentra hoy el PSOE, quien, según es ya juicio general, tiene sobre su tejado la pelota de la situación política española. Un tejado, como el de Williams, también de cinc caliente. ¿Por qué? Por cuatro razones esenciales.

En primer lugar, porque el PSOE debe decidir si permite con su abstención gobernar a quien ganó las elecciones u opta por encabezar una heterogénea coalición de izquierdas para la que no le dan los números, salvo con el apoyo del PNV, harto improbable en una coyunda con Podemos, o el de ERC o el partido de Artur Mas, que lo cobrarían al precio impagable de la autodeterminación de Cataluña.

Pero no se trata solo de números, sino también de legitimidad democrática. El PP ha ganado al PSOE por 33 escaños, que son la traducción de un millón setecientos mil sufragios (casi el siete por ciento de los votos válidos) y es la primera fuerza en 39 provincias (por seis de los socialistas, todas andaluzas) y en 13 comunidades autónomas, por dos de los socialistas. La diferencia resulta mucho mayor que la de 1993, cuando nadie discutió a González su derecho a gobernar, y, ya no digamos, que la de 1996, cuando Aznar ganó por 300.000 votos y poco más de un punto.

El laberinto en el que hoy están los socialistas es aún más endemoniado vistas las abiertas diferencias que existen en su seno sobre una coalición que rechazan amplios sectores del partido, convencidos de que aquella supondría la definitiva pérdida de las señas de identidad que hicieron del PSOE uno de los partidos vertebrales de la actual España democrática.

Finalmente, en cuarto lugar, y por si todo lo anterior no fuera suficiente, el PSOE solo podría llegar al Gobierno tras un acuerdo con Podemos, fuerza con la que tiene diferencias de programa y de proyecto que pueden constatarse con solo recordar lo que de Iglesias y su partido decía Sánchez (¡ya no digamos Felipe González!) hace tan solo una semana.

El incomparable Gilbert Chesterton escribió que uno de los grandes problemas de las prisas es que pueden acabar llevando demasiado tiempo. Los socialistas no deberían olvidar en esta dificilísima coyuntura esa sabia reflexión.