Arden las redes con el mensaje de que Ada Colau se perfila como la próxima presidenta de España cuando vuelva a haber elecciones generales. Es la importancia del liderazgo. A veces se busca y no se encuentra. Viene esto a cuento del resultado espectacular que han tenido las Mareas en Galicia y de la proximidad de elecciones autonómicas el año que viene. El rostro adusto del presidente de la Xunta ante los medios de comunicación iba a contrapié con su mensaje intentando salvar los muebles de una gestión castigada, por sí misma y por su conexión con el gobierno de España.
No es pronto para pensar en las consecuencias que el 20D tendrá sobre la política gallega, sea cual sea el resultado de los pactos y negociaciones que decidan cómo será el futuro ejecutivo español. Incluso si la consecuencia es la falta de acuerdo y hay elecciones anticipadas, las autonómicas están a la vuelta de la esquina y aunque desde la Xunta se intente alargar al máximo la convocatoria, acaba de empezar la precampaña.
En Marea ha dado la campanada en estas elecciones generales y es un aviso a navegantes. Otro tanto podría decirse, en sentido contrario, de Nós, alternativa nacida de un BNG que pasa a ser extraparlamentario en las Cortes. En general, los nacionalismos periféricos no han salido bien parados de estos comicios pero, a nuestros efectos, interesa saber si las Mareas se decantarán por ser altavoz en clave territorial de las demandas de Galicia frente al conjunto del Estado o se incorporarán de lleno al debate ideológico del modelo de sociedad que define las fronteras entre izquierda y derecha. De su gestión en los ayuntamientos -bien valorada, hasta ahora- y del papel que jueguen en la política española a partir de este momento, se verá si son alternativa en Galicia al Partido Popular. En contra juega su heterogeneidad y la falta de una figura con liderazgo capaz de aglutinar al electorado potencial y de discutirle la hegemonía de la alternativa a la Xunta a un PSdeG que vive su propia crisis y comparte la general del PSOE. Esto es importante en una Galicia que ha pasado de ser un territorio electoralmente previsible a convertirse en el escenario que se anticipa al futuro del resto de España.
Empieza a ser urgente que afloren liderazgos capaces de jugar con fuerza sobre el tablero y de ofrecer un cambio creíble. No va a ser fácil, porque este pueblo lleva demasiado tiempo pendiente de recuperar la voluntad de sobrevivir -al menos demográficamente- y de luchar por lo que quiere ser de mayor ante el desconcierto actual de una Europa en vías de fosilización. Ahora precisan de un buen surfista que pise la arena, mire la marea y entienda la ola.