Gran coalición, naturalmente


Ganó el PP con 7,2 millones de votos y 123 escaños, un resultado que les conmina a entenderse con el PSOE (90), para formar un Gobierno estable de sello UE, una mayoría formidable capaz de dar respuesta a los compromisos comunitarios. Como, por ejemplo, sujetar la prima de riesgo de la deuda pública exterior de España. Y viceversa, porque la idea de dejar que Rajoy se cueza en su salsa hasta que tire la toalla no deja de ser una irresponsabilidad, visto desde Bruselas, París, Berlín o Tokio. Y es así por una única razón: porque situados en la política real, no hay más pacto posible que entre PP y PSOE.

Finalizaron las mayorías arrolladoras, aunque no un ciclo electoral, porque el cuarto y hegemónico del PP duró una siesta (2010-2012), dando paso al quinto y pluripartidista en el que nos encontramos, con tres partidos hegemónicos desde el otoño del 2014 y cuatro desde febrero del 2015. Estos resultados ya fueron escritos en estas páginas, algunos, como el del PP, hace años, cuando se estructuró entre los 6,8 y los 7,5 millones de votos en el 2013, debido a la desmovilización masiva de sus electores más jóvenes. Era ruptura y no desafección, la inteligencia de estos electores había superado el nivel De Cospedal y reaparecerían en espacios nuevos; así surgió el electorado de Ciudadanos (14 %), que finalmente ha reunido a 3,5 millones de personas que estarán representadas en el Congreso por cuarenta diputados, lo que nunca consiguió el CDS de Adolfo Suárez.

El modelo bipartito había quebrado en las elecciones de Andalucía, pero también sucedió en las autonómicas y municipales de mayo. Luego estos resultados estaban anunciados, pero se caen los palos de los sombrajos y se niegan a aceptar que el PP y el PSOE son dos viejos partidos en regresión, que atraviesan dificultades insalvables para alcanzar el siglo XXI.

La entrada en el Congreso de los Diputados de Podemos (69) y Ciudadanos (40), tendrá un efecto llamada sobre otros electores, lo que agudizará el proceso de pasokización del PSOE, como comprobaremos, con toda probabilidad, en el barómetro de enero del CIS, con Podemos unos puntos por delante de los socialistas, ahora emparejados con los de Rivera. Quedarse en sus escaños hasta el 10 % o ponerse a gobernar con el PP, viene a ser lo mismo, el PSOE estaba destruido en cualquier situación poselectoral, como hemos comentado en estas páginas.

La realidad se ha puesto al bies del pensamiento político, es lo que le sucede a Pedro Sánchez, Susana Díaz o Mariano Rajoy, pero también a Artur Mas o a Íñigo Urkullu, derrotados en sus sistemas electorales por En Comú Podem y Podemos, respectivamente. Los líderes nacionalistas tendrán que admitir que existe un español nuevo, del siglo XXI, bien formado, de convicciones profundamente democráticas. Un español que habita un Estado plurinacional del suroeste de la UE y está dispuesto a resolver el problema territorial de España de una forma integradora; distinto de aquel otro uninacional inmóvil, que es el que ha retrocedido en las urnas, como certifican los más de cinco millones de votos perdidos por el PP y el PSOE. La política real se impuso en Grecia como la gran coalición lo hará en España. Veamos qué dice Felipe VI, obligado a hablar en breve.

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