Un embolado monumental

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Dentro de unos días, en cuanto comamos el turrón, los mercados digieran la defunción de las mayorías absolutas y los partidos inicien los contactos para formar Gobierno, sin que sepamos a priori si la balanza se inclinará a derecha o izquierda, entraremos en territorio inexplorado y plagado de incógnitas. Que ese terreno está sembrado de minas lo sospecha hasta el apuntador. Y está por ver si el nuevo Ejecutivo, con un Parlamento fragmentado donde ni siquiera el baile por parejas garantiza la mayoría, será capaz de desactivarlas sin saltar por los aires.

Lo único claro a estas horas de la noche, todavía con el escrutinio en marcha, es el escabroso legado económico que deberán gestionar los herederos. Y si alguien todavía no se ha enterado, muy pronto vendrá el albacea, con sede en Bruselas, a leernos la cartilla. Vendrá a recordarnos -con palabras más finas, por supuesto, pero látigo en mano- que tenemos un embolado económico del carajo, y que el país-que-más-crece sigue aplastado por una montaña de deuda y el segundo mayor déficit de Europa, y que papá Draghi no va a estar siempre aflojando el bolsillo, y que solo Grecia supera en tasa de paro al país que creó un millón de empleos en dos años, y que los Presupuestos del Estado cocinados en tiempo de prórroga son un cuento chino que debemos reescribir, y que la Seguridad Social camina hacia la bancarrota con este modelo laboral que Merkel y Rajoy nos han dado, y que los sueldos deben continuar bajando, y que la demolición del Estado del bienestar y de los derechos laborales aún no ha alcanzado sus últimos objetivos militares, y que las políticas de austeridad y recortes ni han sido canceladas ni han pasado de moda. Así pues, cojan ustedes de nuevo la mochila del recaudador y la motosierra. Y al tajo.

Pero ese mensaje imperativo, que hasta hoy iba a misa por decreto-ley y mayoría mecánica, acaba de perder el monopolio. Habrá otros que exijan, con la fuerza de los escaños, rescatar de la cuneta a los desahuciados de la crisis. Que aboguen por la recuperación de los derechos usurpados. Que reclamen una distribución equitativa de costes y frutos, impuestos y gastos. Que persigan un acuerdo nacional para aflojar el corsé de la austeridad.

Los ciudadanos, en ejercicio de su soberanía, han decretado el fin del turnismo y de las mayorías absolutas. Lo han cambiado por la filosofía de la negociación y del pacto. Veremos si sus representantes están a la altura del mandato recibido. Aunque yo soy escéptico a corto plazo y por eso le auguro a esta legislatura vida corta y seguramente convulsa.