Intolerable

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

17 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En su casa, Pontevedra. En su cara y en la de todos los demócratas razonables. El puñetazo brutal al candidato a la presidencia y presidente del Gobierno deja la imagen de este país por los suelos. Nada justifica la violencia. Ni la edad del agresor, 17 años, no cinco. Ni que se creyese que cumplía una misión que solo estaba en su cabeza. Tras el golpe, declaró: «Estoy muy contento». Lo peor es que en la impunidad de las redes sociales, donde lo más bajo siempre se esconde en el anonimato de un avatar, había quienes lo jaleaban. El humor está muy bien y es muy saludable, siempre que no sea despreciable. Son unas elecciones democráticas. O eso creíamos. El lunes, vimos cómo un plató de televisión para un debate se convertía en un ring con la mirada pasmada del moderador. Y nada pasó. Ayer una corriente eléctrica sacudió la redacción al llegar la noticia de que Mariano Rajoy había sido agredido. La corriente se convirtió en alto voltaje al comprobar, como toda Europa ya, que la agresión era salvaje. No una bofetada ni un empellón. Golpeado el candidato y zarandeada la imagen de España. Desde que somos una democracia no hay suceso igual. Pero es que tampoco lo hay en todo el viejo continente civilizado. ¿A quiénes estamos amamantando en la supuesta cuna de esa civilización? ¿Cómo un chaval puede creer que es una hazaña agredir a un candidato en una democracia? ¿Y cómo es posible que allí mismo hubiese testigos que gritasen «bravo»? Ahora mismo en las redes sociales se siguen escribiendo barbaridades. Nunca tiene sentido perder el sentido. Es grave y provocará un vuelco en el voto. El golpe no se puede entender. Ni siquiera los que optan por otras opciones políticas lo pueden comprender. Es tan sencillo como que esos partidarios piensen en cambiar la cara de Mariano Rajoy por la de su candidato. Rajoy, insultado el lunes, agredido el miércoles, recibirá más votos. La solidaridad le dará papeletas. Sufrirá el que busca su mismo espacio electoral y que ya estaba en caída libre, Rivera. Y, por el otro lado, Podemos seguirá subiendo y así es que Pablo Iglesias ya nota el sabor en la boca de su víctima, Sánchez. Las ideas se defienden con palabras. Y en la democracia cuentan los votos, no los disparates.