Los pueblos han celebrado fiestas con motivo de los solsticios, pero no la fiesta del solsticio. Los romanos celebraban el nacimiento de Mitra, que los cristianismos sustituyeron por la Navidad, y los celtas no celebraban ninguna fiesta en ese momento. La señora Ada Colau, para no ofender sensibilidades, anula la celebración de la Navidad en Barcelona. Por lógica también tendría que suprimir la celebración del día de la Constitución, que celebra la libertad; el día de la Inmaculada; la Diada de Cataluña; el Sant Jordi y la rosa; y otras fiestas. Y mucho más evidente aún, tendría que haber suprimido el Halloween, el Black Friday, que son una imposición americana.
Cuando los inmigrantes vinieron ya sabían que España, como cualquier país del mundo -el de cada uno de ellos incluido-, celebra sus fiestas. No se trata de creencias, sino de tradiciones, aunque estén fundadas en creencias. La Navidad en España y en todo Occidente la celebran los creyentes, los agnósticos, los ateos y los anticlericales.
Señora alcaldesa, no me molestan sus ocurrencias, me decepciona que nos haya prometido la revolución y se conforme con luchar contra molinos de viento, contra espantapájaros somnolientos. «De buenas intenciones y sentimientos nobles está pavimentado el infierno», dice la sabiduría popular.
Libertad de expresión solo la necesita quien piensa libremente y no aquellos que repiten eslóganes vacíos. Estos solo necesitan pastillas para la memoria. Los solsticios son momentos del tiempo, no son fiestas.
Manuel Mandianes es Antropólogo del CSIC, teólogo y escritor.