«Black Friday»


Miraba aturdida los carteles negros que tapizaban el escaparate de todas las tiendas de la manzana. Deletreaba en voz baja «Bla-ca-frida-y», musitándolo una y otra vez como un mantra irresoluble. Frisaba los ochenta años apenas disimulados por un gorro de lana color fucsia. Me acerqué y le dije: «Son rebajas, señora». «¡Rebaixas! -se sobresaltó como quien encuentra la solución al sudoku- ¡Arre carallo! ¿E por que non poñen ??rebaixas??? ¡Ai que feo! Eu pensei se morrería algún destes modernos...».

Esto de importar anglicismos y costumbres foráneas aparte de ser una catetada está acabando con nuestra cultura y nuestras costumbres. Catetada porque supone hacer algo nuevo cuando es lo mismo que llevamos haciendo durante décadas, pero cambiándole el nombre por otro incomprensible para la mayoría de la gente. No sé si realmente conseguirán vender más que si les llamaran superrebajas de noviembre, pero llamarlas Black Friday es una catetada como aquella del abuelo de un buen amigo que regresó a su pueblo de Lugo tras años de emigración en Londres, abrió un bar y en el escaparate pintó con un pizarrillo blanco: «Temos five o?clok tea, a todas horas».

Ya estamos globalmente colonizados y no acierto la necesidad de importar más palabros de allende los mares. Envidio a muchos países hispanoamericanos que guardan la esencia de nuestra lengua y cultura. Recientemente estuve en la sórdida Cuba -eso me llevaría otro artículo- pero me reconfortaba ver que la señal de stop allí dice «Pare», e incluso el latiguillo del OK, ellos lo dicen «O Ka».

Decía que somos unos catetos porque solo un cateto es capaz de picar en el anzuelo de una expresión en inglés creyendo que es algo nuevo o mejor.

No entiendo de dónde nos viene esta inmunodeficiencia cultural cuando disponemos de una cultura milenaria; no entiendo por qué Don Juan Tenorio se viste de Halloween, ni por qué Santa Claus tiene la más mínima chance frente a los Reyes Magos, ni por qué quienes se quieren cargar el belén hablan de cash flow, couching, mindfullnes, body milk, snacks y demás términos forasteros cuando en nada superan a los aborígenes. Algunos acabarán comiendo pavo el Thanksgiving day en vez de cocido en Navidad, que hay que ser cateto.

Todo lo que no es tradición es plagio, y cuando se recurre al plagio es porque hay inseguridad o falta de originalidad. Nada de lo que no andemos sobrados. Estamos acomplejados.

Solo los anuncios del Gadis han entendido que presumir de lo nuestro es el primer paso para sentirnos orgullosos de lo que somos. Que no es poco.

Y solo sintiéndonos orgullosos de lo nuestro podremos defenderlo ante la que se nos avecina.

Y salvar al ratón Pérez.

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