Sin cabida para el temor


Nos conocen. Saben cómo pensamos. Cómo diseñamos nuestras estrategias y también cómo construimos nuestros sueños y nuestras pesadillas. Somos ese libro abierto al que se han acercado multitud de veces y que ya no muestra secretos. Ahí están ¿matándonos? No. Somos demasiados. Es tarea imposible. Se enfrentan a una civilización que ha madurado a través de las lágrimas vertidas por sus millones de muertos. Si algo somos, es sabios. Tardamos mucho, siglos, en alcanzar esa mayoría mental y ahora no debemos perderla. Pero ¿qué es la inteligencia ante el miedo? ¿Qué es el conocimiento ante el terror? Solo el lado oscuro de nuestra mente puede hacernos fracasar y a esa puerta está llamando Abu Bakr Al Baghdadi. El iluminado que dirige el Estado Islámico con una guardia pretoriana de exgenerales de Sadam Huseín.  

Cada uno de sus golpes altera nuestro presente, transformando las acciones individuales que construirán el  futuro colectivo, tanto en la vertiente social como en la económica. Hoy Bélgica se despierta cargada de incertidumbre, de una espesa niebla que todo lo ciega, que impide al empresario construir sus expectativas, al inversor fijarse en ella como destino de sus capitales  y provoca que las familias sientan la necesidad de construir alforjas de ahorro para caminar los próximos meses con menor ansiedad. Si hoy Bruselas solo perdiese un puñado de millones de euros por la parálisis económica no deberíamos estar preocupados, la  solidez de su economía lo puede soportar. El problema, el grave riesgo, es que si estas alertas vuelven a repetirse, o lo que es peor, si llega a producir un atentado similar al de París, incluso de una escala inferior, podremos llegar a ver su sociedad alterada, tristemente paralizada, bloqueada mentalmente y por tanto económicamente. Los belgas deben enseñarle al mundo que sus casas no son escondites, que sus hogares no son refugios, que sus ventanas no son mirillas. Que simplemente están cogiendo aire para empezar a disputar una gran batalla, la de la defensa de sus principios y valores. Ahí, en ese recordar los peldaños que ha recorrido su historia, construida a base de lucha y perdón, no hay cabida para el temor. No existe espacio para las nieblas. No se quiebra la confianza. No se altera nuestra vida.

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