Los límites externos de la soberanía popular


Sin que nadie lo haya dicho en voz alta, las principales opciones políticas para las próximas elecciones generales han tomado muy buena nota de la lección recibida en las espaldas del pueblo griego: si no se cuestiona la pertenencia al euro, no queda más remedio que someterse a la política que dicta Alemania en Europa (y que Francia apoya a cambio de que a ella se le aplique con exquisita flexibilidad).

Esto quiere decir que propuestas electorales concretas contra el actual programa de estabilidad y convergencia que tiene que cumplir España o sobre el calendario de cumplimiento del déficit son asuntos intocables. A pesar de que la deuda pública siga hacia el 100 % del PIB, que la tasa de paro sea disparatada y que vayamos hacia la deflación. Larga vida al artículo 135 de la Constitución.

Así las cosas, aquí -como en Grecia con Syriza o en Portugal con un eventual Gobierno de izquierdas- lo máximo que cabe es elegir cómo se reparten internamente los costes y sacrificios. Como la restricción externa está fuera de control, la campaña electoral, sintomáticamente, se centra en derroches internos como la corrupción y el capitalismo de amiguetes (dos caras de lo mismo con las puertas giratorias al fondo), asuntos que tanto al PP como al PSOE les van a pasar factura. Como Ciudadanos promete ponerse serio en esto -y no cuestiona la camisa de fuerza externa-, creo que está llamada a engordar todo lo que el PP va a adelgazar.

El PSOE pretende compensar su sumisión a la troika y a las puertas giratorias con un radicalismo social entrañable (ahora la Iglesia, ahora la enseñanza, ahora?), aunque a estas alturas lo único que puede vender es una reforma fiscal que no descargue el austericidio sobre los de siempre; una reforma improbable, ya que tendría que afectar a los oligopolios (bancario, energético, constructor, etcétera) y a las rentas del capital, donde tenemos sentados a nuestros fantasmas giratorios.

Con este panorama veo en el horizonte una opción A en la que el centroderecha (PP y Ciudadanos) continúe con la actual hoja de ruta externa adobada con ligeros reajustes en el reparto interno. Y una opción B en la que Ciudadanos y el PSOE cumplirían con el dictado externo descargando algo menos de peso sobre los actuales costaleros. A elegir. Ciudadanos emerge -muy oportunamente- como bisagra perfecta para nuestra hoja de ruta alemana, nuestra gran coalición; y de paso intentar ganar tiempo frente al desafío catalán.

Pablo Iglesias y Alberto Garzón tendrán tiempo, y espero que bastantes diputados, para si acaso abrir camino a otra hoja de ruta externa (con permiso de Francia), mientras movilizan a la sociedad contra el interminable trágala interno. A la vista de dónde -y cómo- llegó Syriza, no es poca cosa.

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