Francia y España: somos diferentes


Tras los atentados de Madrid del 2004, el Gobierno del Partido Popular ofreció clases magistrales sobre su impericia en la comunicación. Sus artimañas indolentes y pueriles propiciaron que aquellos días se signifiquen en la memoria colectiva como una lección de irresponsabilidad. Recuerdos infaustos. Han venido esta semana a mi memoria tras las reacciones suscitadas en Francia por mor de los atentados perpetrados el viernes 13 de noviembre.

Allá todos se han unido en una sola voz. Nadie ha responsabilizado al Gobierno socialista de lo sucedido. Los bombardeos de Mali y Siria no han pasado por la cabeza de nadie como causas motoras de la tragedia. Han apoyado a Hollande incluso en la temeridad de declarar a su nación en guerra. Cuán distinta es nuestra España. Con casi doscientos muertos en los trenes de cercanías y estaciones de Madrid, las manifestaciones violentas se sucedieron ante las sedes del Partido Popular, partido que sustentaba el Gobierno. Las radios próximas ideológicamente a la oposición socialista, con sus locutores estrella a la cabeza, se aliaron para agitar a la ciudadanía. La asonada fue un hecho. Y Mariano Rajoy perdió las elecciones ante el que ha sido, a la postre, el peor presidente de la democracia: Rodríguez Zapatero.

Ya casi nadie habla de aquello. Ni Pedro Sánchez, por supuesto. Él mismo y su partido han actuado de modo correcto en esta ocasión. Están con el Gobierno, como es menester. No lo estuvieron entonces. Aprovecharon la oportunidad para ofrecer la cara cortada de esta democracia adolescente aún, la nuestra. Y un domingo de marzo, contra todo pronóstico, ganaron las elecciones.

¿Imaginan ustedes que en un partido de fútbol se corease -toda vez que no puede ser cantado- el himno nacional? ¿Imaginan ustedes a todos los senadores y diputados con su pecho ornado por una banda con la bandera española? ¿Imaginan a Rodríguez Zapatero, como era su deber, poniéndose al lado de José María Aznar significando la unidad de los españoles ante aquel atentado?

Nada de eso sucedió. En Francia, sí. Quizá porque se enorgullecen de ser franceses. Quizá porque no se sienten culpables de esta violencia que cose nuestro mundo: Occidente. En España parece que queremos pedir perdón por ser españoles. Culpables de lo que nos pase. Antes por nuestros complejos de inferioridad, producto de una dictadura miserable que perpetró un general fallecido en 1975, en su cama. En el 2004 por las bombas que unos canallas hicieron estallar en los trenes. Somos diferentes.

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