Nuevo golpe a Occidente

Benigno Varela Autrán LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

En el actual mundo globalizado se viene percibiendo, desde hace bastantes años ya, el fenómeno de una lucha de civilizaciones en las que prima un originario pensamiento religioso que luego inspira y da vida a muy diferentes formas de organización político-social de los pueblos. El cristianismo y el islamismo son, sin la menor duda, la fuente inspiradora de dos culturas claramente diferentes y alejadas entre sí, lo que no quiere decir que en sí mismos uno y otro tengan que ser rechazados sin más. Lo que sí merece reproche y en grado máximo es la derivación violenta y fanática que cierto sector islamista ha adoptado y que se halla representada, en este momento, por el llamado Estado Islámico -el ISIS- protagonista del yihadismo más radical como también lo fue y aún sigue siéndolo Al Qaida.

Ahora, tras los horribles atentados en París del pasado día 13 que estremecieron al mundo entero, no recuperado todavía del shock producido por los mismos, parece que es ocasión propicia para volver a recapacitar sobre la realidad de este sangriento fenómeno que se está viviendo a nivel mundial con intermitencias cada vez más breves, como lo pone de relieve la reciente tragedia del avión ruso destruido en pleno vuelo, que según sabemos ahora también se debió a una acción terrorista.

Voces tan autorizadas como son la del papa Francisco o la del politólogo italiano Giovanni Sartori, a las que habría que añadir la del propio presidente francés Hollande, no dudan en calificar de verdadera guerra a la situación creada por estas continuadas manifestaciones de terrorismo islamista, y lo cierto es que están superando ya los límites de una propia confrontación entre civilizaciones,

Cuando todos los países europeos, y entre ellos España, han tenido que reforzar sus medidas de seguridad elevando casi hasta el máximo sus niveles de protección ciudadana y Francia, en concreto, se ha visto obligada a utilizar su Ejército, a declarar el estado de excepción y al cierre de sus fronteras, resulta evidente que la situación ha adquirido ya la gravedad suficiente como para entender que se está ante el riesgo de una muy seria situación de violencia a nivel mundial que requiere una respuesta conjunta y contundente. En tal sentido, los países que conforman el área occidental, sobre los que parece incidir con mayor intensidad y virulencia el terrorismo desplegado por el Estado Islámico, no pueden permanecer ya indecisos y descoordinados ante un riesgo que se revela global y que les afecta a todos ellos de forma muy especial. Han de adoptar, por tanto, las severas medidas de defensa conjunta que la situación demanda.

El indisimulado propósito de invadir nuestra cultura occidental, enraizando en ella con violencia los principios del islamismo más radical e incluso la no desdeñada pretensión de ocupar territorios respecto de los que se esgrimen inconsistentes derechos históricos, constituirían razones más que suficientes para que todos los países del Occidente cristiano hubieran de reaccionar conjuntamente de forma contundente y decisiva. No parece que resulte ya suficiente una mera actitud defensiva de mera prevención, sino que se impone una acción unida y coordinada que, más allá de esporádicas estrategias ofensivas, plantee un fuerte ataque colectivo que, de una vez por todas, elimine este riesgo creciente de inseguridad para la convivencia ciudadana en el mundo occidental.

Es triste tener que recurrir una vez más a la estrategia de la violencia que creíamos ya superada después de los dos conflictos bélicos que asolaron Europa en el pasado siglo XX, pero lo que no se puede admitir es este goteo incontenible de gravísimos ataques terroristas que siegan la vida de personas inocentes y que dejan perpleja y paralizada a la población del mundo civilizado.

Benigno Varela Autrán es jurista y magistrado del Tribunal Supremo jubilado.