Un okupa en el palacio

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

Hace meses que Artur Mas se convirtió en un zombi perdido entre las bambalinas de su propio ego. Si hoy Antonio Baños le vuelve a decir que se guarde en la americana el anillo de pedida -con sus tres deslumbrantes vicepresidencias engarzadas ayer a toda prisa por los orfebres del procés-, dejará la desconexión varada en las arenas de la Barceloneta. Pero que nadie se confíe, porque aunque anoche el Constitucional suspendiese la cursilona resolución secesionista, este señor de mandíbula e ideas prominentes es muy resistente y antes de romperse él ya ha roto sin demasiadas contemplaciones su partido e incluso su país. Y al president, siempre precavido, le resta una última bala en la recámara para plantar cara al invasor.

Como ahora resulta que Mas es un antisistema y la ley le estorba menos que un defensa a Messi, lo suyo sería que se quedase de okupa en el Saló Verge de Montserrat de la Generalitat y que pidiese auxilio a sus correligionarios de Stop Desahucios y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, para que se encadenen con él a un pilar gótico cuando entren los antidisturbios con las porras desenfundadas.

Porque si Mas se hace okupa de flequillo recortado -lástima de tupé, que apuntaba a JFK, pero se quedó en Artur- y camiseta de gondolero, dejará a Antonio Baños y a sus niños descarriados de la CUP ante a un gravísimo dilema moral. A ver cuál de estos anarquistas de salón renuncia a sus convicciones más profundas para arrojar a un realquilado de 59 años en paro a las tinieblas exteriores de la pobreza energética y las soluciones habitacionales.