S alir de casa estos días y pronunciar la palabra Cataluña es como ver descender a Robert Duvall del helicóptero de la Caballería estadounidense en Apocalypse now y, brazos en jarras, oírle proclamar:
-Me encanta el olor a napalm por las mañanas.
En medio del fuego cruzado de las teles, las radios y los periódicos se reconoce ese perfume incendiario y premonitorio que no augura nada bueno al este (ni al oeste) del Ebro. Artur Mas también percibió ayer ese olor acre en la atmósfera al cruzar los cortinajes del Parlament, donde la oposición, e incluso los suyos, le esperaban con cuchillos recién afilados entre los dientes.
Mientras Romeva, el indepe de Madrid, flirteaba con la muchachada antisistema, al presidente en funciones de la Generalitat le fueron largando viajes desde el atril para dejarle claro que los 62 escaños de Junts pel Sí igual valen para montar esa «república independiente de Cataluña» que algunos creen que ya venden plegada en Ikea (sección casitas para árboles), pero que esos 62 votos no alcanzan para frenar su desalojo de la plaza de Sant Jaume.
Acorralado por las pedradas, que silbaban en todas direcciones, el mesías del Bic azul llegó a admitir que no está dispuesto a cualquier cosa para ser presidente y anunció solemnemente que hay «líneas rojas» que no va a atravesar. A estas alturas del delirio ya no sabemos en qué universo paralelo anidan esas líneas rojas aún vírgenes, así que lo más probable es que solo sea una frase resultona y jabonosa para contentar a los más conservadores de su bancada.
Baños citó a Pasolini y Mas le replicó con Larra y su «vuelva usted mañana». Rabell le animó a quitarse «el disfraz de rojo» e Inés Arrimadas, la revelación de la temporada, le plantó en toda la cara, una encima de otra, las mentiras y contradicciones que ha ido sumando a las muescas de su escopeta trucada. La líder de la oposición hasta tuvo tiempo de recordarle que una de las promesas del movimiento secesionista había sido que la república ideal de Cataluña sería «un país donde haya helado de postre cada día». A ver quién no quiere independizarse así.
Y la CUP, que por algo es la que manda, no se cortó un pelo, le hizo la cobra a Mas y propuso a Romeva como candidato a la presidencia. Lo cual nos devuelve al principio de la columna, porque lo que Baños piensa de Mas es lo mismo que le susurraba Marlon Brando a Martin Sheen en Apocalypse Now:
-No eres más que el chico de los recados que ha enviado el tendero a cobrar una factura.