Les quedó muy solemne


La ceremonia les ha quedado francamente bonita. Todos muy elegantes, muy solemnes, muy aplaudidos y todos muy dispuestos a viajar hacia donde ni ellos mismos saben. Pero como ritual les quedó precioso, hay que reconocerlo. Un poco plomizo, eso sí, aunque el próximo les saldrá mejor. Y además no quisieron sorprendernos y caminaron sin salirse del guion que ya conocíamos; cuestión que es de agradecer.

Quizás no hubo sorpresa alguna porque no quedan más resquicios para el sobresalto. Ocurrió lo que ya sabíamos que iba a ocurrir, tras meses de anuncios, propuestas y amenazas. Que una parte de España inició el camino de la independencia en virtud de la decisión de un Parlament democrático que escenifica una ruptura saltándose las reglas democráticas que se le otorgaron democráticamente.

En nuestro imaginario teníamos visualizada la sesión de ayer y aun así resulta difícil de digerir que un Parlamento tan democrático haga una propuesta y un llamamiento a romper el ordenamiento legal, a la rebelión, a la sedición, a la desobediencia y a la insubordinación democrática. Es difícil de digerir porque también ayer pidieron democracia y diálogo los mismos que dijeron no respetar las formas democráticas, ni los resultados electorales, ni los procedimientos. Ni la cordura más elemental. Un Parlamento sedicioso que otorga un mandato a un Gobierno que no existe para que inicie el recorrido por un camino que tampoco existe.

Quienes ayer exigieron independencia echaron mano de un cincel para esculpir una imagen aterradora de una Cataluña oprimida, saqueada por España y con una demanda masiva de independencia. Es lo que ellos se han creído y lo que ahora tratan que asuma el mundo mundial. Por eso la sesión de ayer del Parlament además de muy mona resultó delirante; una antología del disparate. Y una payasada. Pero no por ello deja de ser trascendental para nuestro futuro porque nada va a ser igual a partir de hoy en la relación España-Cataluña.

Ayer el Parlament, además de la desconexión, votó y dictó sobre todo su propia descalificación para seguir representando a los catalanes. Y también para formar parte de un sistema democrático como el español, con gravísimos defectos, pero democrático. Y eso alguien lo tiene que arreglar. Porque los sediciosos, los déspotas, los tramposos y los farsantes no tienen cabida. Por mucho que se disfracen de demócratas soberanistas.

el desafío secesionista

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