La ley no va con ellos


Los gerifaltes del movimiento secesionista catalán pasan de todo lo que huela a ordenamiento jurídico español, y como españoles que son, aunque no se sientan como tales, hay que aplicarles el derecho patrio como si de vulgares ladronzuelos se trataran. No es de recibo que Artur Mas y sus adláteres estén trayendo de cabeza a un país, y de paso distrayendo la atención de la opinión pública respecto a los escándalos de Convergència, que necesita estar centrado en su recuperación económica y en las trascendentales elecciones generales del ya próximo 20D. Por eso, en este caso, y sin que sirva de precedente, coincido con el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en que el departamento que él dirige debe tener preparados unos «planes de contingencia» para actuar en Cataluña en caso de sedición, desacato o desobediencia de las leyes. También comparto tesis con el popular en que no es conveniente «enviar a la Guardia Civil a desfilar por la Diagonal, como desearían los independentistas». Para nada es necesario tal despliegue. Con un sargento, dos números de la Benemérita y media docena de esposas sería más que suficiente. Tal vez un tercer agente no sobrara para ponerles la mano en el cogote a los detenidos que sean introducidos en los oportunos coches del instituto armado.

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