Inclusión


«Crean en mí y no en mi diagnóstico», es lo que me soltó Caterina el otro día cuando le pregunté qué le pedía a la sociedad. Cate, como le gusta que le llamen, es una joven de 19 años con síndrome de Down. Junto a ella estaban también Álvaro, que toca el piano a las mil maravillas, y Manuel, que practica equitación y ha sido considerado uno de los mejores deportistas chilenos de este año (en competición ordinaria), ambos también con discapacidad intelectual. Y es que, si nos tomamos en serio la teoría de las inteligencias múltiples y el concepto de dignidad humana, comprobaremos que todo ser humano puede alcanzar la realización personal, siempre y cuando lo proveamos de los necesarios apoyos.

La inclusión forma parte de nuestra esencia y habrá de llevarse a cabo con naturalidad, con ilusión y compromiso. Como lo hacen los seis colegios de Santiago de Chile que integran la Red de Colegios Camino de la Inclusión. El propio título que se han dado es ya de por sí una declaración de intenciones. Porque en esta vida somos peregrinos, tan solo peregrinos.

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