Propongo que nombren a Miguel Ángel Revilla portavoz del Estado sin cartera. Se trata de un cargo de nueva creación, de uso ocasional y de retribución por obra, como la mayoría de los artistas. Su función sería la de dejarse invitar a grandes eventos y despachos de poder en momentos de gravedad, con la obligación de comparecer después ante la prensa con la naturalidad que le suele acompañar: de pie, como quien no quiere la cosa, sin la rigidez de la rueda informativa y sin ningún orden en las preguntas. También se podría aprovechar uno de sus viajes a Madrid con unas latas de anchoas y con la disculpa de las fotos, deslizaría los mensajes que el Estado le encomendó.
Seguro que funcionaría. De hecho, ya funcionó cuando vino a ver al rey Felipe VI después de las elecciones de mayo, dijo aquello de que Artur Mas le parecía «irreconducible» a Su Majestad y desde entonces quedó claro que ni la autoridad del monarca serviría para encauzar el independentismo del president. ¿Se imaginan que ese mensaje lo hubiera transmitido la propia Zarzuela, Soraya Sáenz de Santamaría o Carmen Martínez de Castro? Sería un conflicto descomunal. Pero lo dice Revilla, tiene menos dramatismo y se cumple una función informativa sobre algo que siempre ha sido un secreto: el pensamiento de la Corona sobre aspectos sustanciales de la vida política del país.
Y funcionó este mismo lunes. Ese día el señor Revilla acudió a la Moncloa a hablar con el presidente en esa ronda que está haciendo con todo el mundo, menos con los que tendría que hablar. ¿Y qué hizo Revilla? Comunicar lo que Rajoy quería que se comunicase: que, en lo referente a la independencia de Cataluña y los manejos de Mas, la CUP, Forcadell y otros demonios familiares, en la Moncloa lo tienen «todo previsto» para responder a cada uno de los desafíos del independentismo. La fórmula es fácil: Revilla comparece, pone cara de confianza, demuestra capacidad de representación, proclama su sinceridad y locuacidad (lo cual nunca podría hacer un portavoz clásico sin provocar la risa de la audiencia) y misión cumplida; el poder central lo tiene todo previsto. En un levísimo mensaje de dos palabras, todo lo que España necesita saber.
Después vendremos los periodistas de opinión a fastidiarlo todo, como de costumbre. Preguntaremos al viento (nuestro interlocutor más habitual y fiable) si tener todo previsto es tener todo controlado; cuál es la finalidad de esas reuniones monclovitas que tantas fotos dan y con tan escaso contenido nos premian; qué está haciendo el Estado ante tan buena previsión oficial? Insaciables que somos. Pero ya sabemos algo: quien tiene que prever, lo tiene previsto. Como diría Javier Arenas, mucha tranquilidad.