Más sobre padres

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Nunca sabes en qué día o noche o cambio de estación situar ese fenómeno que transforma cualquier casa. Fenómeno se queda corto. Ese acontecimiento de potencia nuclear. Ese momento en que el que tu niño o tu niña se convierten en un desconocido. «Ellos no tienen la culpa. La clave es recordar que nosotros también fuimos adolescentes y que son unos desconocidos, porque ni ellos mismos se conocen». Eso es lo que dicen los expertos. Los mismos que nos piden comprensión y que repiten una y otra vez que las hormonas están disparadas y disparatadas. «No admiten matices. Un adolescente es alguien para el que todo es blanco o negro», me explica un sagaz amigo pedagogo, que añade que «de pronto se enamoran de algo o de alguien y odian otra cosa u a otros, todo de golpe. No hay término medio. O descubren el mundo o lo odian». La paciencia vuelve a ser otra vez fundamental. En la paciencia, virtud increíble, es en lo único en que coincide la convivencia con un adolescente con el cuidado de niños pequeños. Otra experta aporta un apunte que le puede venir muy bien a todo el que tenga en casa críos de las dos edades: «En la crianza de una criatura hay que llenarse de paciencia y la clave es superar el cansancio físico (un tormento, a veces) que irrumpe en tu vida, que no estaba acostumbrada a estar pendiente de un ser pequeño veinticuatro horas. En el cuidado de un adolescente se necesita la misma paciencia, pero a lo que te enfrentas, también durante veinticuatro horas, sí o sí, es a un cansancio psicológico (una tormenta)». Así ironiza un humorista: «Cuando son pequeños no soportas la idea de perderle de vista. Cuando crecen, te empieza a parecer interesante que se vayan».