Efectivamente, es caza mayor; muy mayor

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Una de dos: o Artur Mas es un gran mentiroso o un gran engañado. Hace un mes fue entrevistado por Carlos Alsina en Onda Cero. Alsina le preguntó por los documentos destruidos en la trituradora de papel que había en el despacho del tesorero de su partido, y el presidente de la Generalitat le respondió que eran tarjetas de visita que ya no servían. Lo dijo con naturalidad y con cierta sorna, pensando que los guardias renunciarían a la tarea de chinos de recomponer esa documentación triturada. Artur Mas no conoce a la Guardia Civil: cuando investiga un asesinato, puede tardar dieciocho años en encontrar al asesino, pero jamás renuncia. Cuando tiene en sus manos una posible prueba, aunque esté triturada, tiene infinita paciencia para recomponerla. Así lo hizo con los papeles del tesorero Viloca, y allí estaban las pistas que condujeron a las detenciones de ayer: la gran redada del 3 per cent.

Con lo cual, si el señor Mas mintió, hay que convenir que lo hizo con profesionalidad y sabiduría: este cronista le creyó. Si lo han engañado a él, debe hacerse mirar el equipo de confianza que tiene, porque le hicieron quedar como un mentiroso y, desde luego, le han hecho perder toda credibilidad ante lo que predica después: que las actuaciones de la Fiscalía Anticorrupción y de la Guardia Civil son «caza mayor» de su partido y de su persona. Estamos, una vez más, ante el tiro por elevación: la insinuación de que se les investiga y se les persigue por razones políticas (quizá por la independencia) y no por delitos cometidos.

Pues sí, señor, es caza mayor, pero en otro sentido: se está avanzando seriamente en destripar la trama de la compra de concesiones y contratos a cambio de una mordida que en su momento fue cifrada en el 3 %. Solo como caza mayor se puede calificar la detención del tesorero de Convergència, de dos administrativos, del director general de Infraestructuras de la Generalitat y de varios empresarios. Y solo como caza mayor se puede calificar el conjunto de delitos que el fiscal atribuye al tesorero: cohecho, prevaricación, financiación ilegal de partido, tráfico de influencias, alteración de precios en concursos y blanqueo de capitales. Una perfecta y completa combinación de pisoteos al Código Penal.

Quiera él o no quiera, el señor Mas es un hombre cercado. Tiene, por un lado, la sombra de los Pujol. Por otro, los casos de corrupción que andan por los juzgados, desde la Operación Palau a esta última llamada Operación Petrum. Y, pendientes de primera decisión judicial, sus presuntos delitos por la consulta del 9-N. No es extraño que tenga prisas por construir el Estado catalán con Justicia propia: tal como van las sospechas, es lo único que lo puede salvar.