La asignatura pendiente

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

21 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada cuatro años, la misma película. Con la misma banda sonora, el mismo guion y con protagonistas que cambian, pero hacen el mismo papel. Título: El debate. Es acercarse las elecciones y el filme se empieza a proyectar en todas las salas, vestidas de medios de comunicación y lugares de encuentro. La única novedad de este año es el ambiente: mientras reinaba el bipartidismo, se aceptaba que el choque se produjera entre el aspirante del Gobierno cesante y el aspirante de la oposición; izquierda contra derecha, leves protestas de los minoritarios, localización de un lugar neutro, encargo de la moderación a Manuel Campo Vidal y asunto cerrado.

Ahora, como hay cuatro protagonistas, lo que se lleva es exigir el debate a cuatro. En versión de Albert Rivera, debate a tres, porque el crecido líder de Ciudadanos ya excluye a Podemos. Lo da por derrotado. Y entre todos los aspirantes, carrera por ver quién exige más, mejor y de forma más original. Uno de los nuevos, creo que Pablo Iglesias, sugiere que haya preguntas del público al estilo de Tengo una pregunta para usted. Y, por supuesto, no se quiere un debate clásico y encorsetado, sino algo al estilo Évole. El estilo Évole es la nueva marca de referencia, aunque la derecha le reproche, después de asegurar por sus muertos que no lo ha visto, «como otros 42 millones de españoles», que hiciera «una charleta de café».

¿Y Rajoy? Rajoy, que no es tonto, sabe perfectamente (o teme) lo que se pretende sentándolo en una mesa con varios contendientes: convertirlo en centro de los ataques de todos, y no tiene tantas mejillas para poner. Y rechaza algo más: rechaza ponerse al nivel de un Iglesias al que íntimamente menosprecia o de un Rivera al que considera un pequeño personaje experimental que le está robando las manzanas del huerto popular. De ahí que el PP haya empezado a buscar expresiones de refugio como «veremos cuál es el formato» o esa calificación de «espectáculo televisivo» en que un político serio (les falta añadir «y con barba») no debe entrar por respeto al rigor. Me juego un euro, tampoco más, a que veremos un par de debates Rajoy-Sánchez, que el presidente considera pan comido, y el resto lo decidirá la junta electoral.

¡Qué hastío, y esto no hizo más que empezar! ¡Y qué envidia de los países donde no vemos esa discusión por el número! Vamos a cumplir 40 años de democracia y seguimos con esa asignatura pendiente. El cuadro se completa con las primeras propuestas electorales de Pedro Sánchez: pide el voto para que los debates sean obligatorios por ley, como el acceso a la sanidad. Solo falta que proponga darles rango constitucional en la reforma que quiere promover: ¡debates obligatorios y Estado federal!