Hablemos, pues, de octubre

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Era el título de una novela de José Luis Sampedro: Octubre, octubre. No voy contar el argumento a quien no la leyese y, tengo que decirlo, no creo que el argumento sea el asunto principal de una gran obra literaria. La novela de Sampedro lo era: grande. Por muchos motivos, y uno especialmente: era capaz de recrear un finísimo erotismo, muy alejado de la pseudopornografía que se escribe actualmente, ya saben, la cosa de Grey, sus sombras y resombras (¿Debo decir de nuevo que aún no conozco el motivo del éxito de esta infamia entre el público femenino, a quien degrada y ofende?). Volvamos a la novela de Sampedro y a este mes en el que la política ha llegado a límites insospechados de vulgaridad y oprobio: la campaña de las generales y la «cuestión catalana». El autor de Octubre, octubre aseguraba que en su novela cabía también la mística sufí y su idea de la creación: una pulsación ininterrumpida que crea el mundo en un instante para, en el instante siguiente, destruirlo. Así vivimos. Lo que unos hacen (o dicen) los otros lo deshacen (o desdicen), aunque resulte óptimo para la ciudadanía. La política ya no está al servicio del pueblo sino del partido. Podríamos hablar de una atrofia particular a la que quiero ponerle nombre: hiperpartidismo. El día que se piense más en la gente y menos en el partido, recrearemos el mundo. Un mundo mejor. Pero para eso habría que leer más novelas. Esta de José Luis Sampedro, por ejemplo.