Bruselas nos regaña


De vez en cuando la vida nos da un baño de realidad que nos deja en la reserva el depósito de la esperanza. Queríamos creer que la crisis fue un mal sueño, que somos los que más crecemos de Europa; que los presupuestos de este año son los de la recuperación y los del próximo los de la consolidación de la recuperación y viene Bruselas y nos dice que nuestras autoridades económicas nos están engañando, que los presupuestos no son reales y que son sospechosos de intereses electorales, que no se va a cumplir el déficit y que hay que seguir con los recortes.

El rapapolvos que Bruselas acaba de dar al presidente Rajoy no hace más que confirmar que las cosas no son como nos las cuentan. Porque solo con saber sumar y perderse dos minutos entre cifras, uno comprueba que con una deuda de un billón de euros; un paro del 22,3 %; un empleo inestable y menesteroso y fiando toda la política económica a los recortes, es difícil que se solucionen los problemas y más si son estructurales. Los problemas no se solventan tratando de convencer a los demás de lo que a uno le conviene.

El que la Comisión Europea haya afeado la conducta a Mariano Rajoy y le haya destrozado su discurso económico debe preocuparnos poco. Lo alarmante es que tenemos que recortar otros 10.000 millones de euros y todos sabemos que, por mucho que nos digan lo contrario, al final habrá más recortes. Gobierne quien gobierne. Eso es lo único preocupante de la vergonzante regañina.

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