El suicidio del PP

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

13 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

A poco más de dos meses para las generales, el PP atraviesa el peor momento de la legislatura, hasta el punto de que por primera vez se empieza a poner en duda su victoria en las elecciones. El escenario es completamente opuesto al diseñado por Mariano Rajoy, que madrugó para hacer recortes, subir impuestos y reformar el mercado laboral, convencido de que se haría perdonar tanta barrabasada en el tramo final, cuando la economía mejorara y los ciudadanos lo percibieran en su bolsillo. Pero el presidente asiste perplejo al hecho de que, habiéndose cumplido sus premisas, el resultado es el contrario al que imaginó. Es decir, que está ahora mucho peor que cuando remaba en medio de la tormenta, el mundo contaba las horas para el rescate de España y él daba hachazos al presupuesto un día sí y otro también, incluidas las partidas para sanidad y educación, mientras dedicaba miles de millones de euros a rescatar bancos.

¿Qué ha ocurrido para que el plan de Rajoy descarrile pese a contar con todos los resortes del poder? El escenario no se explica por la potencia de sus rivales, porque Pedro Sánchez es el líder más flojo que ha tenido el PSOE en democracia, lo cual es mucho decir tras los once años de Zapatero. Pablo Iglesias, al que se anunciaba como el nuevo mesías, ha resultado ser solo un profeta más que se ha hecho viejo y antipático antes siquiera de poder predicar desde el Congreso. Albert Rivera no pasa de ser un inteligente y aseado orador, bien financiado, que recoge sin esfuerzo los frutos de la incompetencia ajena. Y Artur Mas ha demostrado ser un patán político que ha quedado en manos de los anarquistas de la CUP.

El actual calvario del PP solo se puede explicar, por tanto, como el suicidio de un partido en el que todos parecen haberse conjurado para naufragar y descalabrarse en el último momento. Así cabe interpretar esperpentos como prometer renovación y mantener a Arenas; situar de candidata en Madrid a una enemiga acérrima de Rajoy y quemada por la Gürtel como Aguirre, en Valencia a un fósil político como Rita Barberá y a un pardillo como Fabra, y en Cataluña a alguien cuyo mayor aval es echar gasolina a la hoguera secesionista. Grotesco es que el ministro de Exteriores debata en televisión con el número cinco de la lista independentista y autodestructivo que Aznar se dedique a denigrar a Rajoy desde el púlpito de una fundación que paga el PP. Impresentable resulta que en lugar de repudiar a un presunto delincuente como Rato, el Gobierno lo arrope y lo reciba en la sede del Ministerio del Interior. E incomprensible es que la líder del PP vasco destroce, sin contar con nadie, el discurso del partido con un intento de acercamiento a Bildu. El cúmulo de despropósitos del PP en el tramo final de la legislatura es tan enorme que lo increíble a estas alturas es que Mariano Rajoy siga vivo y que las encuestas sigan pronosticando que ganará las próximas elecciones. ¿Y la economía? Bien, gracias.