Delirios provechosos


Mariano Rajoy acaba de mostrarse dispuesto a reformar la Constitución. No es sin tiempo, sin sobresaltos y sin que se lo pidiéramos. El presidente, a propósito del affaire catalán, acaba de abrir los ojos a la realidad social española, que no tiene nada que ver con la que se vislumbra desde la Moncloa, ni tan siquiera y aunque duela decirlo, desde los escaños de sus señorías.

Hace tiempo que el país pide a gritos una reforma constitucional. Por los problemas que sin la revisión somos incapaces de solucionar, pero sobre todo y afortunadamente, porque esta España nada tiene que ver con la de hace más de 37 años. En todo este tiempo se ha creado un país nuevo, con nuevas necesidades y otras exigencias. Una sola muestra, y sin señalar: cuando se redactó el texto constitucional no sabíamos ni tan siquiera lo que era una pantalla de plasma. Pero además es que probablemente no quede en toda la geografía española una comunidad de vecinos, una asociación de padres o un coro que no haya modificado sus estatutos y reglas de convivencia. Y la Constitución, que es un tratado que debería de estar permanentemente actualizado para dar respuesta a nuestra existencia, la tenemos ahí inamovible como si fuera un texto bíblico.

Si al final Rajoy se decide a hacer lo que hasta le pidió su gran apuesta del 27S, García Albiol, tendremos que agradecerle al soberanismo catalán sus desvaríos, que han llevado a convencer al presidente de lo evidente. Y que es que a veces hasta los delirios tienen algo provechoso.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Tags

Delirios provechosos