Barraca para el San Froilán


¿Qué ha cambiado en la Diputación de Lugo en los últimos tres meses para que vaya a pasar de manos del PP a las del PSOE, en compadreo con el BNG? ¿Qué le han dicho al diputado díscolo que hace ocho semanas no permitió lo que ahora consiente? Esto es lo que van a tener que explicarnos quienes se pongan al frente del palacio de San Marcos, para que comprendamos y aprobemos un proceso que se antoja delirante. A ver si lo explican bien y lo entendemos, porque no será nada fácil.

La popular Elena Candia sabía que su caramelo tenía fecha de caducidad; el tiempo que los socialistas precisasen para desbaratar la tozudez de Manuel Martínez, quien con su abstención marcó la línea que no estaba dispuesto a traspasar y que parecía la de la dignidad y el rigor. En realidad, lo sabíamos todos porque nos lo anunciaron en el mismo acto de constitución del ente, con un desparpajo y un descaro propio de nuestra clase política. Pero desconocíamos que esa dignidad y esas razones de fuerza tuvieran tan escasa consistencia.

Quienes no compartimos los compadreos de las mociones de censura, ni de Boimorto, ni de la Diputación de Lugo, ni de las que negocia a escondidas Rafael Louzán, tenemos serios problemas para comprender su utilización; sobre todo cuando fueron creadas para romper una situación de deterioro o de exigencia de responsabilidades ante una coyuntura imposible de solucionar por otras vías. Las mociones de censura son el último recurso para que una institución recupere la normalidad perdida.

Pero no es el caso de la corporación provincial lucense, tampoco de la de Boimorto, en la que los beneficiados fueron los populares en detrimento de los nacionalistas, donde no se avistaban crisis irresolubles. Las mociones de censura se utilizan porque sí; porque se quiere el poder a cualquier precio y sin el rubor de tener que dar cuenta de por qué ayer no y hoy sí. Las mociones de censura no fueron creadas para jugar con ellas como quien lo hace con el Monopoly, perdiendo y ganando poder. Y quien no lo entienda así es que no sabe del respeto que la ciudadanía se merece. O lo mismo es que socialistas y nacionalistas han decidido montar una barraca para las próximas fiestas de San Froilán. La barraca del provecho personal. Será un exitazo.

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