Estamos peor de lo que nos decían

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

17 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El INE acaba de revisar las cuentas de la economía española entre los años 2011 y 2014. La actualización prueba que, de las dos recesiones sufridas desde el inicio de la crisis -una durante el mandato de Zapatero, la otra con Rajoy al timón-, la segunda fue más prolongada y más aguda que la primera. La primera, causada por el crac del sistema financiero internacional, duró un año y medio y se llevó por delante 1,5 millones de empleos. La segunda, agravada por las políticas de austeridad, duró dos años y medio y destruyó una cifra similar de puestos de trabajo. Habrá, pues, a la vista de los nuevos datos, que revisar la literatura al respecto. Aunque solo sea por honestidad intelectual.

Los ingenuos quizás aleguen que, a estas alturas de la película, poca importancia tiene esa depuración estadística. Lo pasado, pasado está; lo que nos importa e inquieta son el presente y el futuro. Que el sufrimiento infligido haya sido mayor del que reflejaba la contabilidad nacional o que el nuevo espejo agrande las cicatrices no empaña la rutilante recuperación en marcha. Agua pasada no mueve molino, pero tampoco nos ahogaremos en ella, porque ya ha pasado.

Quienes así piensen, se equivocan de pe a pa. Las nuevas cuentas del INE encierran varios mensajes y todos de actualidad. Todos vigentes, ninguno reseso. Uno: la economía española se encuentra -a día de hoy, no en tiempos de María Castaña- más débil de lo que creíamos. La riqueza generada el año pasado ascendió a 1,041 billones de euros, 17.300 millones menos de lo que señalaba el anterior cómputo, y el consumo creció exactamente la mitad de lo que se decía. Dos: el plazo para salir del túnel se prorroga. Habrá que seguir esperando. El Gobierno soñaba con regresar en el 2016 al nivel de actividad anterior al temporal, pero los nuevos datos obligan a retrasar un año, en la versión más optimista, el logro de ese objetivo. El futuro se nos aleja un poco más.

El tercer mensaje indica que acabaremos esta legislatura, pese al empuje registrado desde hace año y medio, peor que cuando la iniciamos. Con menos empleo, inferior o parecido nivel de producción y muchísima más deuda pública. Entre el 2011 y el 2014 se destruyeron 1,28 millones de empleos equivalentes a tiempo completo, lo que supone una disminución del 7,3 %. Y nadie en su sano juicio puede creer que tal agujero será taponado en el 2015. En el mismo período, la economía española retrocedió un 2,9 %: aunque el PIB avance este año en una tasa similar, el resultado será un cuatrienio de parálisis económica. Por si fuera poco, a menor renta nacional, mayor peso relativo del endeudamiento: a finales del 2014, la deuda pública alcanzó el 99,3 % del PIB, en vez del 97,7 % que se nos decía antes de que el INE llegase con la rebaja.

En términos políticos, la revisión estadística viene a chafar la mercancía electoral que Mariano Rajoy pretende colocar. Las cosas han empeorado desde que él asumió las riendas del Gobierno. Y por eso enfilamos el tramo final de una legislatura baldía.