En Cataluña, en paralelo a una crisis económica, social e institucional muy profunda, ha cuajado la idea de que «España nos roba». Amplios sectores sociales se han puesto a comprar el producto de que, si tal cosa dejase de suceder, todos en Cataluña vivirían mejor. El programa máximo para conseguirlo es el que ofrecen los denominados independentistas que, por sí solos, parece que no alcanzarán el cincuenta por ciento de los votos en las próximas elecciones.
Como bastión del inmovilismo español desde posiciones de centro-derecha, el PP cae al diez por ciento de los votos, viéndose superado por un claro ascenso de Ciudadanos. Ciudadanos recogería las posiciones de centro-derecha dispuestas a entrar en una negociación a fondo que permita desactivar la idea de que «España nos roba». A cambio de mantenerse en un mercado unido, español y europeo, como reclaman sus padrinos del Ibex 35 (catalanes incluidos). Esa negociación (se dice en el libro de Garicano El dilema de España) podría clonar un encaje a la vasca. Una particular tercera vía de la que nadie parece querer hablar. De momento.
Algo semejante le sucede a lo que queda del PSC-PSOE. Sus movimientos en la gestión de la crisis, y luego en su crítica y alternativa, han abierto un amplio espacio social de trasvase hacia Podemos (Catalunya Sí que es Pot) y de recuperación de desencantados e indignados. De manera que las posiciones progresistas -no independentistas- anotarían un crecimiento global y una espectacular recomposición interna.
Es este el espacio electoral y social que se niega a imputar todos los males de la crisis en Cataluña a un enemigo exterior, y más bien lo sitúa dentro de la propia sociedad catalana (y sus muchas butifarras). Pero nada impide que, al igual que Ciudadanos, ante una situación de máxima tensión independentista, y con un PP en debacle, propicien transitar por una tercera vía que homologue a las dos nacionalidades ricas de España en un encaje confederal.
De manera que, si quieren mi pronóstico para el día después de las elecciones catalanas es este: una mayoría simple de diputados independentistas reforzarán su presión para que España «les deje de robar», y una novedosa -y muy diversa- nueva mayoría que se concretará en las próximas elecciones generales (Ciudadanos, Podemos, PSOE) abogará desde la capital de España por explorar tal asunto hasta los confines del cupo vasco. Veo al actual PP cada vez más irrelevante en todo esto.
En este escenario yo, como gallego de a pie, me pondría las pilas para arreglar lo mejor posible nuestra casa (por ejemplo, sin despilfarros y caprichos localistas de nuevos ricos), defender nuestros recursos naturales y nuestras actividades empresariales del capitalismo de amiguetes del Ibex (español, catalán y vasco) y vigilar al próximo Gobierno de España para que los robos, que muchos denuncian desde Cataluña, no se transformen en un trágala. Todos unidos en los mercados españoles y cada uno por su cuenta con sus recursos fiscales. Como ya sucede en la Unión Europea. Y así nos va.