Otra de urgencias


Cada cuatro años justos, un sobresalto y una actuación a la desesperada. Precisamente tal día como hoy, hace cuatro años, sus señorías aprobaron a toda mecha una reforma constitucional para limitar el déficit público y cumplir con la estabilidad financiera. Unos días antes le había entrado al presidente Zapatero una colitis que acabó con una reforma que a día de hoy no sabemos muy bien para qué nos ha servido, porque los incumplimientos en el déficit son el pan de cada día.

Ahora la colitis afecta al presidente Rajoy, que se apresura a reformar, también a toda pastilla, el Tribunal Constitucional para poder combatir el independentismo y sancionar al iluminado apóstol Mas. Por lo visto, hasta ahora no había forma de pararle los pies a quien lleva años retando al Estado, a la democracia y a 46 millones de ciudadanos y de ahí que sea necesaria una reforma en cuestión de horas.

Las decisiones hay que tomarlas con mesura y tras larga reflexión. La improvisación es la madre de muchas desdichas y de más errores. Pero este es un país que camina de urgencia en urgencia y además, cada cuatro años exactos. Que las prisas no son buenas nos lo decían ya nuestros abuelitos, que de Constitución sabían más bien poco y de independentismo, menos. Y también decía Séneca que «no puede haber orden cuando hay prisa». Y eso es lo que ocurre en este país. Un desorden monumental. Un desconcierto y un desbarajuste porque se gobierna a golpe de ocurrencia. Y así nos va.

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