El año en que murió «Nessie»

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Y a va para dos veranos que falta Nessie, nuestro simpático monstruo del escocés lago Ness.

Dos agostos seguidos sin amables serpientes de verano, sin fotografías realizadas desde el batiscafo. Sin espontáneos turistas asustados, sin especulaciones fantásticas. El popular lago se está quedando sin visitantes que intenten captar en sus smartphones el instante en el que reaparece el gigantesco reptil marino. Nessie ha muerto y las páginas festivas de todos los periódicos del mundo certifican su ausencia, su defunción.

Al pequeño monstruo lo sustituyeron en la costa gallega la playa de As Catedrais y el banco de Loiba, que ha provocado, está provocando, peregrinaciones laicas de miles de personas que acuden a la playa ribadense o a los acantilados de Ortegal, buscando la postal del verano el año en que conmemoramos la desaparición del entrañable Nessie.

Y es así como vemos en las paginas de los diarios a la gran caterva, la parada de los monstruos reales que tienen otros nombres y causan otros sustos más agudos e intensos que el bicho escocés. Ahora el rescate griego y las nuevas elecciones de un país que ya nunca podrá liquidar su deuda sin renunciar a su existencia como Estado soberano marcan otras nuevas pautas. Las agresiones machistas, el maltrato, los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas están llenado de sangre la crónica cotidiana de la violencia de género, que en este agosto alcanza cifras que dan miedo con solo recordarlas.

Y qué decir del dragón catalán que abatió san Jorge, que ese si que está siendo serpiente de verano con la espada de Damocles de unas elecciones autonómicas revestidas con la senyera del independentismo. Y mientras tanto el presidente Rajoy marea la perdiz deshojando margaritas y errando el disparo sobre adversarios que no son tal, sin entender de una vez por todas que los socialistas no son los enemigos y deben convertirse en aliados, al menos para quienes creemos firmemente en las grossen koalitionen como factor de estabilidad en los momento críticos.

Un buen monstruo o un desembarco masivo de ovnis en el desierto de Mohave pueden salvar informativamente un mal verano; más allá todo son crónicas de muertes anunciadas, obituarios de artistas populares o de escritores de éxito, que no generan sobresalto alguno cuando la radio, la televisión o el diario comunican la noticia.

Ni siquiera el fútbol de los grandes fichajes y los torneos veraniegos puede suplir la perdida de nuestro amado monstruo del lago Ness.

No sé qué va a ser de nosotros sin él; era de nuestra edad, de la de todos, crecimos en paralelo, a la vez que él, que continúa viviendo en el imaginario colectivo, en el mes en el que se caen los edificios a pares en el Madrid de la alcaldesa Carmena, en los días en que Podemos del comandante Iglesias excluye al Bloque gallego de la plataforma electoral prevista y los nacionalistas se enrabietan proclamando que Podemos prefiere al PSOE o a los grupos de nueva formación nacidos de escisiones múltiples.

Y mientras aprobamos presupuestos generales sin saber todavía quién los va a gestionar y se hacen malabares para que cuadren las cuentas de la Seguridad Social, confío en que sin dilación, a poder ser antes de que concluya el verano, un pescador encuentre los restos de unos gigantes huevos, que el agua habrá depositado en una orilla del lago, y los científicos descubran que en ellos se incubaron los hijos de Nessie, que ya navegan entre dos aguas. Ojalá ocurra; si no, estamos perdidos.