Vamos como motos. España bate récords de crecimiento, la venta de coches va viento en popa, vuelven a venderse pisos y el turismo alcanza cifras de antes de la crisis.
Para unos es mérito indiscutible de un Gobierno serio que ha ido arreglando lo que sus antecesores destrozaron con su derroche. Para otros, el impulso ha estado en la actuación del Banco Central Europeo, la caída de los precios del petróleo y también en la calamitosa situación de países del Mediterráneo que competían en turismo de sol y playa y a los que hoy casi nadie se atreve a ir de vacaciones.
Tan innegable es que hay crecimiento como que no se ha avanzado en el cambio de modelo económico y aumentan las diferencias en una sociedad cada vez más desigual. Las cifras de paro están al nivel de junio del 2011 con el agravante de que hay muchos más desempleados sin prestación.
Una prueba palpable es la situación de los bancos de alimentos, que describía ayer La Voz. La solidaridad de empresas y particulares flaquea en verano y vacía sus despensas, porque la demanda no baja, pese al optimismo que vende el Gobierno, que incluso anuncia una rebaja de 5.000 millones en el apoyo a parados.
Tan cierto es que hay crecimiento como de que está dejando al margen a una parte considerable de la población.
Menos mal que lo que más ha crecido en estos años de crisis es la solidaridad de la gente normal, la que pisa la calle y conoce a vecinos que han pasado de una vida acomodada a quedarse sin nada. Y reaccionan compartiendo lo poco que tienen o aportando su esfuerzo como voluntarios, sin esperar a que lo arreglen quienes solo quieren ver la cara amable de la moneda.