El primer partido de España, en términos cuantitativos, es el PP. Porque gobierna con mayoría absoluta. Porque, a pesar de la indignación que provocaron sus recortes y corrupciones, ganó las europeas del 2014 y las municipales del 2015. Y porque destaca en las encuestas como más probable ganador de las inminentes generales. Pero en la política española los números no significan nada, y todo debe reinterpretarse en términos cualitativos. Y por eso vamos a ver si aclaramos a qué partido le corresponde llevar el maillot amarillo en esta etapa reina.
Mi favorito es el PSOE, porque, como bien dijo César Luena, «es el primero en el espacio central de la política española». Un alarde de precisión que ni Pericles podría superar, y muy parecido a la declaración que hizo mi amigo Anxo Guerreiro la noche en la que él y yo perdimos nuestro escaño: «El PC es -dijo-, entre todos los partidos que perdieron votos, el que menos perdió». Claro que, mientras lo que dijo Guerreiro solo era una verdad inútil, lo que dijo Luena supone una renuncia a ocupar todo el espacio de la izquierda, y un intento de convertir a Sánchez en el verdadero sucesor de Landelino Lavilla y de su desdibujada UCD del «centro-centro».
Pero lo peor de la pirueta de Luena es que le regala a Podemos el título de primer partido de la izquierda populista, y genera un relativismo político en el que ser primero de algo no tiene mucha importancia. Porque Ciudadanos es el primer partido entre los clones sacados del PP y llamados a resucitarlo sicut erat in principio. IU es el primer partido del sector que se va a estrellar contra sus líderes de barro, sus viejos silogismos y sus gastadas utopías. Geroa Bai es el primer partido entre los liderados por Uxue Barkos, cuya profesión debe ser -¡Dios sabrá por qué!- la de política mejor valorada de España. CDC es el primer partido entre los que se mean por la Constitución desde la más absoluta impunidad. Y el BNG es el primer partido entre los que, siendo la más genuina y legítima representación de su tierra y de su pueblo, corren serio riesgo de quedar sin escaño.
¿Y no hay segundos partidos? Pocos, creo, pero los hay. UPyD, por ejemplo, es, tras IU, el segundo partido entre los que van a estrellarse contra su mala sombra. Y UDC, con Duran i Lleida, es, tras Ciudadanos, el segundo partido de centro-centro que puede desaparecer, porque su líder, en vez de caerse del caballo antes de Damasco, se fue a caer tres pueblos después, cuando San Lucas ya no estaba allí para tomar nota del tortazo y convertirlo en un hecho trascendente. Dicho lo cual, querido lector, espero que no vuelva a tener dudas de que el primer partido de España puede ser cualquiera menos el más votado. Porque este querido país es como la Sábana Santa de Turín: se ve mejor en el negativo que en la copia. ¿O no?