Las prioridades


Es cuestión de prioridades. El Estado, como ocurre en cualquier hogar español, establece un orden de preferencias en el gasto y a partir de ahí va invirtiendo lo que tiene. Es tan sencillo que se entiende hasta sin necesidad de asistir un par de tardes a las clases de economía de Jordi Sevilla. Cae de cajón.

Quizás con un ejemplo práctico se entienda mejor la distribución de los dineros públicos. En pensiones nos gastamos lo que no tenemos. La media mensual en España de nuestros jubilados está en 887 euros. En Galicia, por aquello de que disfrutan de la lluvia, la morriña y la fiesta del lenguado, baja a los 748, 139 menos al mes, pero con la ventaja de que el próximo año se incrementarán en 1,87 euros de media, que es un pastizal y que va a situarlos a niveles económicos estratosféricos. Aunque se seguirán quejando, claro, como los funcionarios y como tantos otros, porque la queja es el deporte nacional.

Pero es que no hay para más; el dinero se va sin darnos cuenta y hay otras necesidades. Ayer mismo supimos que el año pasado tuvimos que dar 217 millones a los partidos políticos: porque no les llega a nada lo que reciben por las púnicas, pokémons y zetas; y aunque algunos llevan años en bancarrota, hay que seguir ayudándolos, que para eso está el Estado; para hacer obras de caridad y ayudar a los necesitados. Que es lo que también hace con los 445.568 coristas que comen de la mamandurria política, que diría nuestra admirada Esperanza.

Los criterios en este país se aplican con lógica. Los partidos nos miman y nos diseñan el futuro. Los jubilados son el pasado y además, son un montón y viven demasiado.

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