El mundo de las conversaciones grabadas en los casos de corrupción es apasionante. Me declaro fan absoluto. La franqueza, la desvergüenza y la desenvoltura con la que se expresan en la intimidad los espiados, que se creen a salvo, son insuperables. ¿No resulta enternecedor ese «te quiero un huevo» que dirigió el expresidente valenciano Francisco Camps al Bigotes, su «amiguito del alma»? Pero hay grabaciones más directas: «Si no ganamos las elecciones, vosotros no vais a seguir trabajando en la Junta de Andalucía», advertía la delegada de Empleo en Jaén, Irene Sabalete, en vísperas de la campaña electoral del 2012. Y no digamos la brutal sinceridad que encierra esa frase que se atribuyó a Eduardo Zaplana («estoy en política para forrarme»), pero que en realidad pronunció Vicente Sanz cuando era secretario general del PP de Valencia. Y resulta obsceno y cutre escuchar al presidente de la diputación valenciana Alfonso Rus contando billetes. Pero no hay duda de que el exalcalde de Valdemoro y exdiputado popular en la Asamblea de Madrid José Miguel Moreno merece encaramarse a los puestos más altos de esta lista. «Estoy tocándome los cojones, que para eso me hice diputado», responde sobrado a David Marjaliza, el cerebro de la trama Púnica, cuando le pregunta cómo está. Moreno se queja de que los meses de julio se han habilitado para celebrar plenos: «Esto es una putada. Acostumbrado a no trabajar, coño, es una putada». En otro momento le dice que le prepare la pasta, que se va de vacaciones. El día señalado para cobrar, la Guardia Civil lo graba saliendo de las oficinas de Marjaliza portando en el bolsillo de su americana «efectos que no llevaba al entrar». En otras palabras, un abultado sobre con la supuesta mordida.