Ya está bien. Hágase la luz de una vez sobre el recibo de la luz. Esa factura que provoca una auténtica fractura en las economías domésticas y que no lo entiende ni un catedrático de Economía Aplicada. En invierno, el coste se dispara por la necesidad de poner las calefacciones para no morirnos de frío. Y, ahora en verano, el empujón al recibo ha llegado con la ola de calor, para sacar rendimiento (las compañías) de la obligación de tener que tirar de aire acondicionado para no colapsar con un golpe de calor, sobre todo en el centro y en el sur de España, con temperaturas de freidora por encima de los cuarenta grados. Con la luz pasa igual que con la gasolina. Justo sube cuando hay operación salida de vacaciones y todos tenemos que llenar el depósito. Sabemos que no es casualidad. Es hacer caja. Y siempre pagamos los mismos. El ciudadano que ya no puede más. A veces todo parece una broma, el problema es que al final el bolsillo se vacía. Tenemos una dueña del sol. Encima el Gobierno anunció hace poco que quiere cobrarle a las renovables una tarifa por el uso del sol. ¡Como se entere la dueña del sol! La ley de la oferta y la demanda con la energía se aplica a rajatabla. Que los consumidores necesitamos más electricidad o más combustible, pues a consumirnos con la fiebre alta del recibo. Se necesita un máster para entender el recibo de la luz. Es tan incomprensible como los tatuajes del brazo de Messi. A veces, por el frío del invierno, ahora por el calor del verano y el aire acondicionado, el recibo de la luz, por resumir, no es de recibo.