Atentado en Chatanooga


De terrorismo interno, así ha sido calificado el asalto a un centro de reclutamiento militar y a otro de la reserva naval de Chatanooga, en el corazón de Estados Unidos, por Mohamed Yusuf Abdulaziz, ciudadano norteamericano nacido en Kuwait, pero de origen jordano. Un emigrante aparentemente integrado en la sociedad occidental, con un grado en ingeniería eléctrica y que siempre se había comportado de manera correcta. Un joven de 24 años apasionado de las artes marciales que tenía una perspectiva muy pesimista de la vida y que mató a 4 personas e hirió a otras tres antes de ser abatido. Las fuerzas de seguridad no se atreven a calificar este acto como terrorismo islamista, y mucho menos yihadista. Se impone la prudencia. Pese a la irrupción del Estado Islámico en junio del 2014 en el tercio noroccidental de Irak y los atentados cometidos en Francia, Túnez, Libia, Egipto y Kuwait, parecía que EE. UU. no se vería afectado. Si se demuestra que este joven era un yihadista, quedará claro lo que era evidente: que el terrorismo islamista no conoce fronteras y tiene vocación de extender el horror por todo el mundo. Ahora falta saber si estamos dispuestos a cooperar para ponerle fin.

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