La gloria de Europa


Cierto es que tenemos el calendario de fiestas ya bastante apretado, pero habría que declarar el 12 de julio como Día de la Gloria de Europa. Para conmemorar festivamente el acuerdo al que se llegó para el tercer rescate a Grecia; un acuerdo que deja unanimidad en cuanto a su efectividad y rentabilidad.

Schäuble, el de los dineros alemanes, entiende que hay que echar a Grecia del euro. El errático y díscolo Tsipras firmó algo en lo que ni él mismo cree; Draghi pide más flexibilidad; el FMI habla de una quita; dos Nobel de Economía y otros cien colegas sin premios se echan las manos a la cabeza; los ciudadanos griegos se oponen a seguir sufriendo; los alemanes piden que se les asfixie; y hasta los más romos sabemos que Grecia es insolvente y que no va a pagar la deuda. Pero, lo dicho, la negociación ha sido un éxito sin precedentes, todos celebramos el resultado, y habrá de figurar en las páginas más luminosas de nuestra historia junto a aquel 9 de noviembre en que se nos vino abajo el Muro de Berlín.

Lo acontecido esta semana es para sentirse orgulloso de ser europeo. Alemania, el segundo país con más episodios de insolvencia o reestructuraciones de deuda, con 8, impone un acuerdo con el aplauso generalizado, entre ellos el nuestro, que somos los líderes en este mérito, con 13. Y se fuerza un acuerdo a quienes sabemos que no lo van a cumplir, porque ni pueden ni están muy por la labor, y ante la mirada del mundo mundial que por lo bajinis reconoce que todo esto es una payasada y que el problema sigue intacto. Por eso estaría bien dedicarle un día. El del éxito y la gloria de Europa. O quizá mejor, el día de la miseria y deshonra de nuestros señoritos.

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