Ojalá que lo de Grecia acabe aquí


Las cifras de la cuestión griega son mareantes, e imposibles de calibrar para quien nunca manejó cantidades más altas que los trescientos mil euros que le costó su piso. Grecia necesitará en los próximos 5 años 85.000 millones de euros que podríamos considerar rescate, que vienen añadidos a dos rescates anteriores de similar cuantía. También necesitará importantes quitas de su deuda, hechas sobre la mesa o por debajo de ella. Y esa quita ya viene añadida a otra quita del 50 % de la deuda privada, y cerca del 90 % de la deuda total, que se hizo en el segundo rescate. La deuda acumulada en este momento ronda los 300.000 millones de euros, que, vistos con realismo, obligan a hablar del acuerdo cerrado el lunes con un doble lenguaje, en el que todo parece muy muy matemático, pero casi nada lo es.

Pero, a pesar de la contundencia de las cifras, el problema no está ahí, sino en la utópica posición de Tsipras, que -además de que no tomó medidas eficientes, ni organizó su Hacienda, ni reformó sus pensiones, ni privatizó servicios que el Estado gestiona de forma ruinosa, y que en todo continuó la deriva de Gobiernos precedentes- piensa que puede cambiar el modelo de ajustes que está vigente en toda la UE por un sistema de despilfarro general en el que Grecia solo sería uno más entre los que hacen gimnasia al borde del abismo. Lejos de asumir su inviabilidad, y pedir ayuda, lo que Syriza le hizo creer al pueblo es que dinero hay de sobra, y que si se hace una presión constante sobre los elementos que estabilizan el euro y la UE, habrá muchos grandes países a los que les saldrá más barato pagar el chantaje que experimentar un Grexit del que no tenemos experiencia.

Y eso no era tolerable. Y no porque no se pueda ceder a un chantaje -que yo he leído a Maquiavelo-, sino porque este chantaje, lejos de poner fin al caos, acabaría por perpetuarlo, y por hacer inevitable el Grexit cuando sus consecuencias fuesen mucho más graves y el dinero de los rescates ya se hubiese escapado por las alcantarillas hacia el mar Egeo. Y en este caso ceder al chantaje sería mucho más que una indecencia. Sería una estupidez.

Pero a la gente, y a muchos comentaristas, les dio por ver este asunto con el mismo esquema que utiliza mi mujer para ver los partidos de fútbol, y que consiste en apoyar a los que pierden porque le dan pena. Y ella tampoco entiende que para que haya liga de fútbol tienen que ganar los mejores y perder los peores, y que si se reparten las victorias solidariamente, la Liga se cerraría para siempre por Navidad.

Quizá con este ejemplo me entiendan. Ya que el hecho de que España tenga que poner 10.000 millones a nadie parece importarle. Porque desde que andamos empoderados dan lo mismo 8 que 8.000. ¡Y pensar que Tales, Pitágoras, Eratóstenes y Euclides eran griegos...! Parece imposible.

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