¿Por qué se pelean?


Ingenuamente, horas antes de abandonar la presidencia de la de A Coruña, Diego Calvo se preguntó, insisto muy ingenuamente: si PSOE y BNG no quieren las diputaciones, ¿por qué se pelean por presidirlas? Es muy sencillo. Las que no quieren, las que disolverían, son las diputaciones que no gobiernan ellos. Las que no controlan. Como ocurre con el PP, que tampoco le hacen mucha gracia las que no dirige. Y como Ciudadanos y Podemos, que ahora están muy en contra de ellas, pero que ya no pensarán lo mismo el día que puedan controlar alguna.

Las diputaciones son una bicoca; uno de los grandes chollos de este país nuestro. Para quien las controla, claro. Son 22.000 millones anuales, según el Círculo de Empresarios, que a los españoles se nos van por el desagüe, pero que quienes las regentan utilizan a tareas tan nobles como la financiación de concursos de belleza femenina, adjudicación de obras al chófer del señor presidente, construcciones varias, promociones personales, guateques, pufos y colocación de familiares, allegados, amigos y conocidos.

Los socialistas necesitan de las que puedan conquistar, tras el espectáculo cómico taurino de la de Lugo. Y a los nacionalistas bien les vendría alguna para poder situar a los muchos cortesanos que se han quedado en el paro, tras la pérdida de poder. Y entre uno y otro, los populares, que se resisten a perder la posibilidad de seguir con los tejemanejes. Es lo que nuestras abuelas llamaban cinismo. Y nosotros, desvergüenza.

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