También la verdad exige maneras

OPINIÓN

13 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante la Conferencia Política del PP, el presidente del Gobierno insistió en tres cosas: que los únicos instrumentos que garantizan el progreso económico y la cohesión social son la gestión rigurosa y la estabilidad política y parlamentaria del propio Gobierno; que solo el PP ofrece en este momento soluciones políticas basadas en la coherencia de sus equipos y programas; y que una coalición multiforme de partidos de la izquierda estatal y nacionalista, en cuya cabeza se situasen el PSOE y Podemos, sería la peor de las alternativas.

Todas las afirmaciones políticas son susceptibles de matices y aclaraciones infinitas, pero es evidente que, descontada la necesidad de enardecer a sus bases y colaboradores, y la lógica querencia por ensalzar su propia obra, Mariano Rajoy está diciendo una verdad que se comparte mayoritariamente en España y fuera de ella, y que, a la vista de cómo se han comportado otros líderes políticos, mediáticos y económicos, buen favor nos haría el cielo si, frenando un poco la turbulencia histórica que vivimos, nos dejase «como estamos» una legislatura más.

Ello no obstante, después de pronunciarme sobre el fondo, parece necesario responder a dos cuestiones de forma bastante peliagudas: si estas cosas hay que decirlas así, para que todos las entiendan; y si es Rajoy quien tiene que repetirlas, machaconamente, hasta las elecciones. Y, en respuesta a ambas preguntas quiero fijar mi postura en dos tiempos: que no es útil ni eficaz que sea Rajoy el que tanto se alaba a sí mismo; y que el mensaje de la estabilidad económica y política no agota la problemática actual de la sociedad española.

Si lo que dice Rajoy lo comparte una gran mayoría de los empresarios, y muchos asalariados y ciudadanos que quieren ajustar sus recursos a un programa de reconstrucción realista de nuestra economía española, y si la sensación de desastre solo está mantenida desde posiciones ideológicas de una izquierda muy dividida y con muy escaso encaje en las estructuras de la UE, sería bueno y justo que fuesen los ciudadanos y los líderes sociales más interesados los que hiciesen estas advertencias, aunque solo fuese para romper la impresión de autobombo y soledad que transmiten a veces las palabras de Rajoy. Y si el mensaje de futuro no puede agotarse en la perspectiva económica, también parece conveniente que el discurso de la regeneración social -del que forman parte una gestión transparente y una recuperación del sentido de igualdad y orientación social que inspiran nuestro Estado- empezase a quitarle la razón a los que piensan que nada se puede perder experimentando cualquier cosa que sustituya lo que hay.

Porque una cosa es cierta: si pierde Rajoy las elecciones generales, serán muchos los que pierdan con él. Y la batalla política nunca se gana en silencio y desde la grada.