El corralito, Podemos y las cuentas de Mas


Tsipras se ha refrendado antes de firmar, pero en su recorrido cundió el pánico y hubo que cerrar los bancos, un hito que ya ha delimitado el tamaño de Podemos en España. El corralito pone fin al pastoreo de Pablo Iglesias hacia el lugar central, porque marca una raya y queda enfrente del PSOE, el FMI, el BCE, Merkel, Ciudadanos, el PP y la mayoría social: el corralito no forma parte del primer mundo ni es convergente en términos UE. En Grecia se vienen materializando las soluciones teóricas a las que aspiran los votantes de Podemos, lo que se expresará en las elecciones autonómicas de Cataluña, cuyos factores aglutinantes del voto son comunes en el sur endeudado. Las irrupciones de Syriza o Podemos nos enseñan que Cataluña no está en Saturno, sino en la gran región fronteriza del sur de la Unión Europea.

En teoría, Artur Mas convoca para declarar la independencia de Cataluña en el año 2017. Su lista lleva ventaja y debe imponerse, porque lidera a la población de más edad y cuenta con el apoyo de los poderes reales catalanes, a los que la experiencia les dice que donde mejor se defienden sus intereses no es justo en la raya, sino del otro lado. Sin embargo, lo principal de las elecciones autonómicas de Cataluña es que el PP de Alicia Sánchez Camacho quedará de los últimos, luego el interlocutor político del lado derecho, con resultados en toda España, cambiará; Ciudadanos habrá desplazado al PP, el liderazgo de Rajoy será cuestionado y todo lo demás es secundario.

Es secundario porque Artur Mas y Oriol Junqueras no hacen más que política de máximos, como demuestran inequívocamente los acontecimientos. En el año 2012, la independencia se proclamaría una vez conseguidos los dos tercios de la Cámara, algo que no sucedió, pero sumaron los escaños de ICV-EUiA y con esto mantuvieron el discurso, aunque en falso. La independencia se proclamaría en el entorno del 9N, pero al final se descolgaron las actas de diseño y dejaron de hacer falta dos tercios de la Cámara, por la razón simple de que ya eran inalcanzables. Desde entonces, todo sucedería si las listas de Artur Mas, ERC y CUP sumaban la mitad mas uno de los escaños, que son 68. Pero esto fue hasta el mes de junio, porque Pablo Iglesias pagó peaje y pactó con la cremallera barcelonesa, alcanzando así una posición imprevista en la hoja de ruta de Artur Mas.

Como los 68 escaños ya no están asegurados, bastan 64 para considerar que la aritmética está en orden: si por aquí no se puede, nos vamos por otro sitio, nos olvidamos de lo dicho y hablamos de otra cosa. Se comportan como si Ada Colau no hubiera ganado en Barcelona, que es como hizo Rajoy con la Diada y el 9N, como si las personas fueran hologramas. Si no suman 68 actas nos dirán que el pacto entre ICV-EUiA y Podemos se romperá antes del 2017, y esto proporcionará la mayoría secesionista. Etcétera. Es un márketing que empezó en 91 y ya vamos por 64, porque pega meltemi, van con los pelos en bandera pero hacen caso omiso y tratando de ir, vuelven, luego es circular además de regresivo.

Jaime Miquel es analista electoral

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