El PIB, antes que el PIVE

Gabriel Lemos EN DIFERIDO

OPINIÓN

Confianza. No hay mejor estímulo para comprar un coche que la seguridad en que podremos mantener el empleo y en que la nómina no nos dará un susto a final de mes. No hay más que mirar por el retrovisor. En el 2012, coincidiendo con el rescate, las matriculaciones cayeron a niveles desconocidos desde mediados de los ochenta. Y ahora que la economía acelera, rugen también los motores en los concesionarios.

Ayuda la demanda embalsada en estos siete años, en los que se aplazaron muchas decisiones de compra por falta de recursos o desconfianza en el futuro de la economía. También que, por fin, en la ventanilla del banco concedan créditos (a interés razonable). Y empuja, claro, el plan de ayudas directas, que llega a su octava edición en menos de tres años. A nadie le amarga un dulce -aunque luego Hacienda reclame un bocado- pero se ha demostrado que, para cambiar de coche, la curva del PIB condiciona más que el PIVE.