¿Importan los griegos?


Al hablar de Grecia conviene comenzar por lo obvio, que de tan obvio tiende a olvidarse, con frecuencia interesadamente. La culpa del desastre actual la tienen los gobiernos de Nueva Democracia y del Pasok, los conservadores y los socialistas, con sus amaños de las cuentas y su orgía de gastos injustificables. En segundo lugar, Grecia no puede pagar su gigantesca deuda y no solo eso, ni siquiera los intereses. Por último, hay un componente que no hay que olvidar: los Gobiernos europeos quieren dar un escarmiento a Syriza que disuada a otros países, en especial a España, de votar lo que no deben, es decir, a partidos populistas. Dicho con humor negro, los griegos han tenido la «mala suerte» de votar a Tsipras y de que exista Podemos. Solo hace falta oír a quienes en nuestro país parecen disfrutar y se regodean con el corralito, la quiebra y todos los males imaginables que se ciernen sobre Grecia. La única preocupación de algunos es el sacrosanto euro, la prima de riesgo o el peligro de contagio a otras economías como la nuestra. Pero ¿a quién le importa de verdad el sufrimiento del ya exhausto pueblo heleno? Empatía cero. Solo sentadas estas bases se puede entender lo que está pasando, por qué la negociación con el Eurogrupo ha fracasado y concluir si el órdago del referendo es o no una buena idea. Quizá este movimiento desesperado sea su última carta para forzar una solución aceptable. En esta Europa sin alma, Grecia no está siendo tratada como un socio en una situación crítica al que se debe salvar, sino como un paria al que se aprietan las clavijas a sabiendas de que no da más de sí. Resulta patético que no se le haya dado una salida que conlleve sacrificios pero no humillación.

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