Atentar en ramadán


Tres ataques en Francia, Túnez y Kuwait, tres ataques que, sin alcanzar la envergadura de los atentados de Estados Unidos del 2001, de Madrid en el 2004 y de Londres en el 2005, repiten objetivos: impactar en la opinión pública, causar el mayor número posible de víctimas, captar adeptos y recordarnos que siguen activos. Los atentados no son sino una advertencia de que estos fanáticos seguirán golpeando, tanto en los países europeos como en el corazón de la industria turística magrebí, que disfrutan y de la que se benefician económicamente los extranjeros. El atentado suicida contra una mezquita chií de Kuwait, el tercero en el último mes, tiene la connotación de ser una agresión contra un lugar sagrado musulmán de otra secta, en el momento del rezo del viernes y en pleno ramadán. La falta de respeto añade insulto al dolor causado.

Estamos en ramadán, el mes más sagrado para los musulmanes, el mes en el que el ayuno une a las familias y amigos en una fiesta que recuerda las penurias de los más pobres e invita a compartir con los demás todo lo que se posee. Es un mes festivo y también muy duro. Si cae en verano, las horas de ayuno y abstinencia sexual son muchas, demasiadas para mantener a los terroristas y combatientes desocupados. Distraerlos con actividades que los llevarán directamente al paraíso resulta una tentación difícil de obviar.

Ante tal versatilidad y capacidad de maniobra de los terroristas, estar alerta ya no parece suficiente. Es momento de actuar.

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