Zerolo y el arzobispo


En la muerte del socialista Pedro Zerolo, el Cid Campeador de la igualdad en España, le han llovido flores justísimas y también no poco estiércol de personas que, con sus injurias, manchan miserablemente al género humano. Ahora el padre Ángel le acaba de organizar a Zerolo un homenaje-oración en la madrileña parroquia de San Antón. El padre Ángel, asturiano incombustible, fundó los primeros hogares de Mensajeros de la Paz, en los que convivían juntos chicos y chicas, a principios de los años sesenta.

Al homenaje-oración ha respondido el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, con un comunicado breve y duro. Osoro ha lamentado, con la queja del mejor Petrarca, la utilización de la iglesia «para hacer manifestaciones ideológicas». Como chiste es de los mejores que he oído en mucho tiempo. ¿No lee la Biblia el arzobispo? ¿No son el Antiguo y el Nuevo Testamento depósitos de infinitas manifestaciones ideológicas? Pero nada puedo entender más que las manifestaciones ideológicas de Pedro Zerolo y del padre Ángel le resulten abominables. ¿Y cómo debemos tomarnos los demás la manifestación ideológica de san Pablo que declara en sus epístolas -por ejemplo, en la Epístola a los efesios, 5, 22-24- que la mujer es inferior al hombre y que, por tanto, debe obedecer al marido? Esta manifestación ideológica de Pablo de Tarso degrada a la mujer y, de paso, idiotiza también al marido. La igualdad de género propugnada por Pedro Zerolo ennoblece a mujeres y hombres, incluidos los alérgicos a la igualdad humana.

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