El cántaro a la fuente

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

25 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En estos tiempos en que acabaremos viendo en España más antiespañoles que españoles, los partidos se olvidan del factor humano. La forma de contar los antiespañoles deriva de las airadas reacciones que dirigentes populares y otros han tenido en respuesta a la exhibición de la bandera de España en la proclamación de Pedro Sánchez como candidato socialista. Argumentando que quien sostiene -los socialistas- en ayuntamientos o gobiernos autónomos a alcaldes o presidentes de procedencia ajena al Partido Popular, no debería exhibir la bandera española. Incluyendo entre quienes contaminan la españolidad a los de Podemos, PNV, CiU, Compromís o las innumerables candidaturas de confluencia ciudadana que hoy gobiernan ayuntamientos o provincias. Lejos están los tiempos en los que la asunción por el Partido Comunista de España de la bandera española aliviaba incertidumbres más dramáticas que las que hoy provocan la llegada a alcaldías o gobiernos autonómicos de candidaturas distintas a las del PP, salvo que nos creamos los vaticinios de Esperanza Aguirre.

Yo supongo que este discurso maniqueo de lo español y lo antiespañol, o lo radical y lo normal -Rajoy dice-, se sostiene en la búsqueda desesperada de la centralidad. Y en ella nos encontramos que al Partido Popular no le gusta nada el PSOE y lo responsabiliza de todos nuestros males. Sea la herencia recibida, el fin del terrorismo, el estatuto catalán y sus secuelas, o el acceso al poder municipal de los sans-culottes. Historia que se compadece mal con las apelaciones al pacto constitucional y a la resolución desde la centralidad de los problemas políticos que tiene España, y se acerca más al deseo expresado por Montoro de resolverlos solos.

En la otra parte, es decir, en las llamadas «fuerzas del progreso», tampoco lo tiene bien el Partido Socialista. No solo por la desafección o el distanciamiento causado por el segundo gobierno Zapatero en una gran parte de su propio electorado, sino porque en el fragmentado escenario político que se inicia en la elecciones europeas del pasado año y se consolida en este 2015, las capacidades para encontrar pactos y alianzas están llenas trampas y escaramuzas, por más que serán los pactos y alianzas de ahora quienes definirán en gran medida el escenario político que se dibuje en las elecciones generales de noviembre. Por ello a los socialistas, pero también a las otras «fuerzas de progreso», les vendría bien ajustar sus prácticas políticas, en el toma y daca de acceder al poder, a unos consistentes principios. Y entre ellos debe estar la idoneidad de las personas, porque si no asistiremos a un continuo rosario de descalificaciones y vetos que nos confundirán. Sin atender al factor humano nada en política es definitivo, como evidencia el pacto abortado de la Diputación de Lugo, que los populares celebran como «victoria de la democracia» pero sobre el que otros pensamos que de tanto ir el cántaro a la fuente al fin se rompe.