De Floriano a Bertín


Televisión Española ha despachado a Sáenz de Buruaga y a los Morancos y Mariano Rajoy ha hecho lo propio con González Pons y Floriano. ¿Sirve para algo? No, pero queda muy bien. La tele pública seguirá viviendo bajo mínimos de audiencia y Rajoy bajo los de credibilidad y gestión. Cuando las cosas se tuercen, hay que buscar algún culpable que apande con todos los males; lo dicen los manuales de supervivencia y los aplican los que no saben hallar soluciones eficientes.

Lo bueno del presidente Rajoy es que cuida mucho nuestro sistema coronario; no nos da sobresaltos y todo cuanto hace viene marcado por el sosiego. Cambió el partido y casi no nos hemos enterado. Se nos va Floriano y viene Moragas; se va Pons y viene Maroto y ni una mala cara. Es el modelo Rajoy; dejar que el tiempo solucione lo que él no quiere arreglar.

¿Qué gana Rajoy con cambiar solo las caras? ¿El ciudadano acepta de mejor grado las políticas que se le imponen porque las decida un rostro amable? Pues según el presidente, eso parece. Se aferra a no variar las líneas básicas y se limita a sustituir a algunos miembros de su equipo, lo contrario de lo que opinan gran parte de los barones populares.

Puede que las cosas se vean mejor desde la Moncloa; puede que Rajoy sea un pésimo analista; o puede que quienes lo rodean no sean capaces de hacerle ver la realidad. En todo caso, si de caras amables se trata, pudo haber echado mano de Rafa Nadal, Antonio Banderas, Sara Carbonero y Elsa Pataki, que nos gustan un montón a todos. O de Norma Duval y Bertín Osborne, que le caen más próximos. Y cuentan lo mismo.

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