Quedan, por las cuentas de la vieja, cuatro o cinco meses para las elecciones generales, pero ya estamos en campaña. Nos lo dice alto y claro Rajoy al hacer una reformiña en la cúpula del PP y al encomendar la dirección del rearme electoral a su jefe de gabinete, Jorge Moragas. Nos lo reafirma el propio presidente al abandonar la atonía para elevar el tono dialéctico contra el PSOE de Pedro Sánchez. Y nos lo confirma Pablo Iglesias al presentar una web de carácter presidencialista.
A simple vista, lanzar una página puede parecer un detalle menor, pero no es así. Las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental en la política. Podemos, cuya cúpula está en manos de politólogos, sabe cómo sacarle partido a las redes sociales. Lo demostró en las elecciones europeas del 2015 y en las municipales: allá donde iba Iglesias un completo equipo se encargaba de darle visibilidad en Internet a sus intervenciones.
La nueva web, muy personalista, muestra a un Iglesias sonriente y minimiza la presencia de la marca Podemos. Esto no es inocente. Forma parte de una estrategia a la americana para volver menos ceñuda la imagen del político de la coleta y para acercar su figura a unos ciudadanos que en los próximos meses van a escuchar muchos cantos de sirena. A cambio de votos.